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El Destino de Mishra

 

Buenas apasionados del Lore, una vez mas estamos aquí para conocer mas de nuestros hermanos favoritos. Ya conocemos que fue de Urza después de que le hicieran abandonar la excavación y como se convirtió en el Jefe Artificiero de Kroog. Ahora conoceremos el destino de Mishra tras su huida de la excavación tras la pelea con Urza y la muerte de Tocasia a causa de su ansia de poseer las dos piedras.

 

desierto magic

La Esclavitud

“¬°Arriba, esclavo!” -gru√Ī√≥ el capataz, pinchando el costado de Mishra con su aguij√≥n.¬† El joven fornido gimi√≥ y trat√≥ de darse la vuelta, ganando otra fuerte punzada. En Fallaji el capataz repiti√≥ la orden. “¬°Rakiq! ¬°Qayim!” Mishra tosi√≥ con una garganta llena de polvo para demostrar que estaba despierto, y se arrastr√≥ hasta los codos para confirmarlo. El capataz se traslad√≥ al siguiente esclavo cuando Mishra sacudi√≥ el polvo de sus ojos.

Sus sue√Īos hab√≠an estado envueltos en oscuridad, profunda y negra oscuridad. Estaba solo, completamente solo, sin Tocasia, Urza, o cualquiera de los otros. Que lo hab√≠an abandonado. Y en esa oscuridad de su sue√Īo hab√≠a cantos. Cantos hermosos, que sal√≠an de su piedra verde. Pero hab√≠a perdido la piedra con tanta seguridad como que hab√≠a perdido el resto de su vida.

 

Los Suwwardi

Estaba en el campamento de los Suwwardi. Hab√≠a sido capturado y reclamado por ellos. Era su propiedad ahora. Adem√°s un esclavo. Y encima era un rakiq. Despu√©s de la muerte de Tocasia hab√≠a huido hacia el norte, hacia la caverna de Koilos. No hab√≠a sido su primera intenci√≥n, al principio √©l s√≥lo hab√≠a huido. Sin embargo, sus pies encontraron ese camino en el desierto y a lo largo de la saliente de las monta√Īas, que inevitablemente conduc√≠an hacia el ca√Ī√≥n perdido.

Al principio Mishra pensó que eran rescatistas, amigos entre los excavadores Fallaji que habían venido a buscarlo, enviados por Ahmahl o Hajar. Sin embargo los jinetes que lo encontraron eran hombres más duros y crueles que los excavadoras del campamento.

Los guerreros lo arrastraron de vuelta a su campamento, pero s√≥lo porque estaba cerca. De lo contrario, simplemente lo hubieran matado y despojado de su cuerpo. Tambi√©n se apropiaron de su piedra brillante como si fuera un tesoro, pero ellos no la trataban mas que como un adorno atractivo. Mishra tuvo la fuerza para dejar salir un grito d√©bil, cuando le quitaron de alrededor de su cuello la bolsa que conten√≠a la joya. Esto le vali√≥ un codazo en la cara, un pu√Īetazo tanto para silenciarlo como para adiestrarlo.

El Día a Día de Mishra el Esclavo

De los otros siete forasteros que hab√≠an estado entre los esclavos cuando √©l hab√≠a sido llevado all√≠ por primera vez tres meses atr√°s, Mishra era el √ļnico superviviente. Hubo algunos que se agregaron posteriormente, pero hab√≠an muerto r√°pidamente.¬† No hab√≠a habido m√°s esclavos extranjeros desde aquel entonces. Los Suwwardi hab√≠an dejado aparentemente de tomarlos.¬† As√≠ Mishra trabajaba como un esclavo. Constru√≠a. Cavaba. Arrastraba cosas pesadas. No hac√≠a preguntas. Otro forastero hab√≠a realizado preguntas y sus dientes fueron removidos con un cincel.

Mishra dorm√≠a cuando se le permit√≠a. Com√≠a lo que le daban, que era inferior a lo que recib√≠an los¬† perros del qadir.¬† Y so√Īaba. So√Īaba con la oscuridad y el poder del cristal fracturado le cantaba. Trataba de buscarlo, pero descubr√≠a que estaba demasiado cansado para moverse, cautivo en la prisi√≥n de su propia carne.¬† Durante el d√≠a, cuando √©l colocaba piedra sobre piedra, o cavaba un nuevo hoyo para cocinar, un basurero, o una tumba, pensaba en sus sue√Īos. Este d√≠a estaba cavando una zanja, por alguna raz√≥n desconocida. De vez en cuando la pala golpeaba un poco de metal de la √©poca de los Thran, y lo arrojaba sobre el mont√≥n de tierra removida con el resto de la otra basura.

Mishra

 

La Fortuna en la Desdicha de Mishra

A medida que excavaba y pensaba, Mishra no escuch√≥ que le llamaban por su nombre , ni la primera vez, ni la segunda. S√≥lo cuando una mano se pos√≥ en su hombro el hombre fornido reaccion√≥. Mishra se asust√≥ y levant√≥ un brazo para protegerse. Nadie tocaba a un forastero con buenas intenciones en el campo de los Suwwardi.¬† “¬°Maestro Mishra, es usted!” grit√≥ Hajar.¬† Mishra mir√≥ al que le hablaba y vio al excavador de joven y delgado rostro del campamento de Tocasia. El que lo hab√≠a acompa√Īado la noche en que todo se vino abajo. Pero este Hajar llevaba un casco Suwwardi, un par de espadas montadas en un arn√©s a su espalda. Y sonre√≠a.¬† “¬ŅEst√°s bien?”, pregunt√≥ Hajar en Fallaji.

Mishra esper√≥ un momento y luego asinti√≥. √Čl no hab√≠a hecho ning√ļn uso de la palabra en los √ļltimos meses, y pocos hablaban con √©l m√°s all√° de simples √≥rdenes. Una sombra apareci√≥ a la derecha de Mishra. Era el capataz.

 

“No hables con el rakiq”, dijo el capataz bruscamente.¬† Hajar se ech√≥ a re√≠r, y Mishra se dio cuenta de que el excavador era m√°s alto que aquel que daba √≥rdenes. “¬ŅSabes a qui√©n tienes cavando hoyos para ti?”

“Este hombre es un gran erudito”, continu√≥ Hajar. “√Čl sabe cosas que ning√ļn hombre conoce. Ha descubierto los secretos de los Antiguos. ¬°Y t√ļ lo tienes cavando zanjas!” Hajar ri√≥ de nuevo.¬† “¬°Erudito!” escupi√≥ el tirano en el polvo. “Eso explica por qu√© √©l cava zanjas tan mal. Ahora vete.”¬† Hajar neg√≥ con la cabeza. “¬°No deber√≠a estar cavando zanjas en absoluto!”¬† “Tienes raz√≥n”, explot√≥ el capataz. “Yo esperaba que √©l muriera meses atr√°s. Es un forastero y un esclavo. Trabaja para m√≠, Maurik el Capataz, por el momento. ¬°Si quieres que trabaje para t√≠, ve al qadir!”¬† Hajar se detuvo un momento y luego dijo, “Lo har√©. Trate de no matarlo antes de que yo vuelva.” Hajar se fue, la cabeza en alto, hacia el centro del campo.

 

El Qadir

Al final del d√≠a, los Suwwardi celebraron su cena comunitaria. El alimento se distribuy√≥ primero a la tienda del qadir, luego a los guerreros, a continuaci√≥n, las mujeres y ni√Īos, los perros del qadir, y finalmente los esclavos. Y los esclavos Fallaji se alimentaron antes que los extranjeros, porque hab√≠a una raz√≥n para mantener vivos a los Fallaji. Mishra estaba masticando un pedazo viejo y con manchas de pan de molde cuando vinieron por √©l.

Entonces los guardias hicieron marchar arrastrar a  Mishra a la tienda del qadir. Un amplio y colorido pabellón iluminado desde dentro. Los soldados se detuvieron afuera sólo el tiempo necesario para eliminar las trabas pesadas que aprisionaban los pies de Mishra. Luego lo empujaron dentro.

qadir

 

La Vista con el Qadir

El qadir era un hombre macizo, hombros anchos, cuello ancho, y cabeza ancha. Estaba empezando a ceder a los resultados de su propio √©xito, su vientre se derramaba un poco m√°s all√° de su cintur√≥n haciendo que su t√ļnica permaneciera firmemente apretada. A un lado del l√≠der Fallaji estaba sentado una forma similar, vestido de manera similar de una versi√≥n m√°s joven del qadir. En el otro lado, de pie, estaba Hajar.

El qadir engull√≥ un pu√Īado de frutos secos. “¬ŅEste es el perro esclavo del desierto del que t√ļ hablas, Hajar?” -pregunt√≥, en Fallaji. Su voz derram√≥ las palabras, como si fueran caf√© espeso.

“Este es, mi eminencia” respondi√≥ Hajar en el mismo idioma. “¬ŅY dices que es un erudito?” dijo el qadir. “Uno de los m√°s respetados”, dijo Hajar, y Mishra not√≥ que la versi√≥n joven del qadir no sonre√≠a. De hecho, parec√≠a aburrido.

El qadir se inclin√≥ hacia delante y mir√≥ a Mishra. “No parece gran cosa. Incluso para un forastero”. La risa se agit√≥ entre los cortesanos, los familiares, y los embajadores.

“¬ŅUsted juzga a su caballo por sus bridas?” pregunt√≥ Mishra, “¬ŅO por lo bien que le sirve?”

La sala qued√≥ en silencio de inmediato. El qadir lanz√≥ a Hajar una mirada venenosa que pareci√≥ fundir al joven a su lugar. “As√≠ que el rakiq habla nuestro idioma”, observ√≥ el qadir. Hajar se inclin√≥ nerviosamente. “Le dije que era sabio en muchos campos.”

“¬ŅConoces las leyendas?” pregunt√≥ el qadir. “¬ŅDe los Antiguos?”

“S√© de los Thran”, respondi√≥ Mishra. “Eran una antigua raza, anteriores a todas las razas vivientes en la tierra de Terisiare. No dejaron huesos de s√≠ mismos, pero dejaron los huesos de sus m√°quinas desperdigados sobre todos los desiertos”.

“¬°Huesos que ustedes, forasteros, recogen como buitres!” -exclam√≥ el qadir. Hajar vio como Mishra vacil√≥ un momento. Cuando habl√≥, el erudito eligi√≥ cuidadosamente sus palabras. “Las naciones de la costa este solo tratan de entender lo que aconteci√≥ antes aqu√≠, para comprender mejor lo que ser√°.”

El qadir hizo un ruido quej√°ndose que son√≥ como un est√≥mago revuelto. “Hay algunas cosas que es mejor no conocer. Los Antiguos pueden descubrir que est√°s urgando y recogiendo su basura y castigarte por tu descaro. Y castigarnos a nosotros por no imped√≠rtelo.”

El qadir carraspe√≥ de nuevo. Hajar ya sab√≠a que el l√≠der de los Suwwardi ten√≠a poco tiempo o poco inter√©s en el pasado. “¬ŅSabes los idiomas extranjeros? ¬ŅArgiviano, Korliano y Yotiano?”. Escupi√≥ esta √ļltima palabra como una maldici√≥n.

“Ellos son uno y el mismo idioma”, dijo Mishra con calma, “aunque hay diferencias en el dialecto y el acento. Los dialectos se separaron durante siglos debido a‚Ķ” El qadir levant√≥ una mano, y el joven guard√≥ silencio inmediatamente.

“¬ŅSabes calcular?” “As√≠ es”. “Tengo nueve patrullas de ocho hombres cada una. ¬ŅCu√°ntos hombres tengo?” pregunt√≥ el Qadir.

“Setenta y dos”, dijo Mishra inmediatamente.

“Cuatro de esas patrullas se montan a caballo. ¬ŅCu√°ntas patas hay?” dijo el qadir¬† con una sonrisa chillona.

“Doscientos setenta y dos”, le devolvi√≥ el Argiviano sin problemas, al parecer sin pensar.

El qadir observ√≥ al fornido esclavo con ojos de piedra. “Eso bastar√°.” Y dijo a los guardias: “Ll√©venlo afuera y b√°√Īenlo.” Y a Mishra: “Rakiq, ser√°s el tutor de mi hijo. Ens√©√Īale a hablar tu idioma y a dominar sus c√°lculos. Haz esto, y se te tratar√° bien. Si me fallas, te matar√©.”

Suwwardi

 

Hajar hab√≠a dejado el campamento de los Argivianos cuando el √ļltimo de los estudiantes extranjeros hab√≠a huido de vuelta a sus zonas costeras bajas y los trozos de metal que hab√≠an excavado hab√≠a sido cuidadosamente enviado lejos en carretas tiradas por bueyes. Quer√≠a que Ahmahl se fuera con √©l, pero el anciano excavador opt√≥ por permanecer en la zona.¬† Hajar se uni√≥ a una banda de n√≥madas, y luego a otra, que finalmente encontr√≥ su camino al campamento del qadir.

La relación lejana por parte de la madre de todos ellos le dio entrada provisional, y su trabajo duro y la valentía en un ataque contra una caravana de mercaderes consolidó al joven Fallaji una posición de jerarquía dentro del campamento.  Pero ahora había asumido un riesgo, recomendando a uno de los estudiantes de Tocasia como tutor del joven qadir. Ahora su fortuna estaría vinculada a la de los Argivianos, y el fracaso de Mishra sería considerado también el suyo.

 

El Joven Qadir

Al principio las cosas no parec√≠an ir bien. A los diez a√Īos el j√≥ven qadir no ten√≠a m√°s inter√©s en el lenguaje y los c√°lculos que aquel que ten√≠a su padre. Peor a√ļn, parec√≠a rechazar totalmente la idea de ser ense√Īado por cualquier otra persona, especialmente un forastero.¬† Mishra, por su parte, estaba desolado. “Estar√© de vuelta cavando zanjas dentro de quince d√≠as”, dijo una noche a Hajar, mientras cojeaba para reunir m√°s maleza que meter en la hoguera.

“√Čl no quiere aprender”, dijo Mishra con firmeza ” y no voy a pasar mis d√≠as hablando con una pared.” El Argiviano dej√≥ escapar un profundo suspiro. “Lo √ļnico que le importa es la batalla y las grandes cosas que su padre ha hecho y lo que har√° cuando se convierta en qadir.”

“En el mejor de los casos, se pone inquieto”, prosigui√≥ Mishra. “En el peor, se duerme. Una vez le di un codazo para despertarlo, y hizo que sus guardias me golpearan”. El fornido erudito se frot√≥ el hombro. “No es algo que quiera hacer de nuevo.”

¬†“Lamento que no est√© funcionando de la manera que yo esperaba”, dijo Hajar.¬† “Yo tambi√©n”, respondi√≥ el sabio.

“Todo parece‚Ķimposible. Me siento vac√≠o por dentro. Vac√≠o e in√ļtil”. De hecho, el Argiviano parec√≠a que no hab√≠a dormido durante alg√ļn tiempo. No pod√≠a ser por el trabajo, pens√≥ Hajar, porque ahora su vida era un poco m√°s f√°cil en ese sentido. Ten√≠a que ser otra cosa. Tal vez su propio sentido de fracaso lo ro√≠a.

 

El Sabio Mishra es Aconsejado

Hajar se qued√≥ en silencio por un momento y luego dijo: “¬ŅPor qu√© aprendiste Fallaji?”¬† Mishra mir√≥ al joven.

¬†“¬ŅQu√©?”

Hajar continu√≥, “La mujer Argiviana conoc√≠a nuestro idioma, porque ten√≠a que lidiar con Ahmahl y los otros excavadores. Ninguno de los estudiantes extranjeros parec√≠a especialmente interesado en aprender m√°s que malas palabras. Tu hermano nunca aprendi√≥, por lo que yo s√©. Pero t√ļ si lo hiciste. ¬ŅPor qu√©?”

¬†“Mi hermano estaba interesado en dispositivos, en cosas”, dijo Mishra cansado.¬† “Siempre he encontrado a la gente m√°s interesante.”¬†

“Pero tambi√©n hab√≠a “gente” entre los estudiantes Argivianos”, dijo Hajar. “¬ŅPor qu√© aprender nuestro idioma?”

Mishra se encogi√≥ de hombros. “Supongo que yo quer√≠a o√≠r las viejas leyendas de tu pueblo. Los genios de las naciones, los h√©roes y las princesas. Los dragones que ustedes llaman mak fawa y los guerreros. Cuando se traduc√≠an a mi lengua las historias siempre parec√≠an cosas secas, marchitas, sin sangre y sin vida. Significaban mucho m√°s en su lengua original.”

“¬ŅY ustedes los forasteros que no tienen sus propias leyendas?” pregunt√≥ Hajar. “Viejas batallas y leyendas.”

¬†“Bueno, por supuesto”, dijo Mishra. “All√≠ est√° la historia del Pirata Gris que asaltaba las costas de Korlis, y de la reina guerrera de Argivia, que vivi√≥ hace quinientos a√Īos. Hay todo tipo de viejas historias de antiguos dioses que s√≥lo creen en Yotia y otras naciones atrasadas.”

Hajar sonri√≥. “Tal vez su joven pupilo prefiera o√≠r hablar de esas historias en su lugar. Eso tambi√©n podr√≠a animarle a aprender el idioma.”¬† Mishra pens√≥ por un momento y luego asinti√≥.¬† “Y poner sus lecciones de c√°lculo en t√©rminos de cosas que √©l entienda”, continu√≥ Hajar. “¬ŅRecuerdas la pregunta que el qadir te hizo? Probablemente as√≠ fue como √©l aprendi√≥ sus cifras y fracciones.”¬†

Mishra no dijo nada por un momento, pero se qued√≥ mirando el fuego de la cocina.¬†¬† “Puede que tengas raz√≥n”, dijo al fin. “Vale la pena intentarlo.”

“Vale la pena intentarlo por el bien de ambos”, dijo Hajar. Y a√Īadi√≥: “Tambi√©n, puedes ense√Īarle a maldecir en Argiviano. Estoy seguro de que al ni√Īo eso le gustar√°.”

Mishra

 

La Buenaventura de Mishra y Hajar

Pasaron varios meses. Las cosas parecían ir mejor para el estudioso Argiviano y Hajar se permitió relajarse. A estas alturas, si algo salía mal, ya era poco probable que alguien le recordara y acusara de recomendar al tutor del joven.

El temperamento del joven hacia su tutor esclavo hab√≠a mejorado, las palizas se hicieron menos frecuentes, y luego desaparecieron por completo. Tambi√©n, seg√ļn Mishra, el joven ya no dorm√≠a m√°s durante la clase. De hecho, el joven qadir parec√≠a mas apegado al erudito Argiviano, y muchas veces Mishra se salvaba de sus deberes de limpieza a fin de terminar un cuento que hab√≠a iniciado al comenzar la tarde.

Poco despu√©s los grilletes de Mishra fueron retirados, aunque todav√≠a se esperaba que atendiera a los fuegos de la cocina cuando no estaba en compa√Ī√≠a del joven qadir.

La vida de Hajar también transcurría bien. Muchas de las tribus locales juraron lealtad a los Suwwardi. Los ataques del clan se habían vuelto más eficaces y las tribus más prósperas. A las caravanas de mercaderes se les cobraba un peaje y en algunos casos se les pedía un rescate total. Varios asentamientos Argivianos en tierras Fallaji fueron removidos por el fuego y la espada. Cuando los Argivianos enviaron sus lentas y pesadas patrullas blindadas en busca de tierras Suwwardi buscando retribución, los Fallaji, más ágiles, los evadieron.  Así fue que, con cierta sorpresa,  Hajar, después de una redada, fue convocado a la tienda del qadir.

 

La audiencia de Hajar con el Qadir

“Tu conoces bien al tutor rakiq”, le plante√≥ el qadir sin mirar en la direcci√≥n de Hajar.

“As√≠ es‚ÄĚ, dijo Hajar, levant√°ndose despu√©s de que se lo permitieran. De repente se pregunt√≥ cu√°nto deb√≠a admitir con respecto a Mishra.

“√Čl lo ha hecho bien”, dijo el qadir. “El ni√Īo sabe sus sumas y restas, sus cifras y sus fracciones. Y me han dicho que habla la lengua extranjera como si fuera la propia.”

¬†“Si, de hecho la habla muy bien” dijo Hajar. “Le he o√≠do hablar, y sus palabras est√°n bien formadas y apropiadas”.¬†

“El ni√Īo lo est√° haciendo bien”, dijo el qadir. “Tal vez demasiado bien.”¬† El qadir dej√≥ caer esta oraci√≥n en el silencio.

Finalmente Hajar dijo con cautela: “¬ŅC√≥mo es eso, mi Eminencia?”¬†

 

Las Sospechas del Qadir sobre su Hijo y Mishra

El qadir levant√≥ el objeto verde en frente de sus ojos, de la manera que un comerciante inspeccionar√≠a sus posesiones. “¬ŅSabes qu√© es esto?”¬† Hajar nunca lo hab√≠a visto antes, pero supo inmediatamente lo que era: una de las piedras de poder por las que Tocasia y los hermanos hab√≠an sufrido tantas disputas alguna vez.

“Se parece a un Ojo de los Antiguos”, dijo, usando la palabra Fallaji para las piedras de poder.

El qadir gru√Ī√≥, por lo bajo, ese sonido que molestaba tanto a Hajar y que se asemejaba a un camello escupiendo. “En efecto. Hay Argivianos y Yotianos, inmiscuy√©ndose en el desierto en busca de baratijas como √©sta. ¬ŅQu√© sabes acerca de esta en particular?”

Hajar se quedó en silencio, tratando de ordenar sus pensamientos, pero el qadir siguió adelante.

“Esta fue tomada del tutor rakiq cuando fue capturado. Fue puesta en mis tesoros y olvidada. Pero mi hijo me pregunt√≥ sobre ella el otro d√≠a, y yo la hice traer. ¬ŅPor qu√© mi hijo la solicita?”

Hajar se qued√≥ en silencio por un momento, con la esperanza de que esta fuera otra pregunta ret√≥rica. No lo era. Por fin se atrevi√≥: “Probablemente, el tutor se lo coment√≥, y √©l sinti√≥ curiosidad.”¬†

El qadir dio un carraspeo bajo y le dijo: “Y tal vez lo quiere de vuelta, ¬Ņeh? Ahora, ¬Ņpor qu√© el rakiq quiere esta piedra en particular?”

“Tal vez tiene un significado especial para √©l”, respondi√≥ r√°pidamente Hajar. “Mire la manera en que est√° cortada a lo largo de uno de sus lados.”

“Cortada no, rota”, respondi√≥ el qadir astutamente. “Y los Ojos rotos son a menudo in√ļtiles y aburridos. Esta todav√≠a mantiene el fuego que los Antiguos le han imbuido. As√≠ que esta puede ser especial. La pregunta es, ¬Ņcuan especial es?”

Mishra

 

El Qadir no ve a Mishra con buenos ojos

Hajar pens√≥ en aquella √ļltima noche en el campamento Argiviano, y las luces sobrenaturales que hab√≠an visto dentro de la caba√Īa de los hermanos. Las piedras… Tocasia hab√≠a dicho algo sobre las piedras. Entonces ocurri√≥ la explosi√≥n y el fuego, y Mishra hab√≠a desaparecido en el desierto hasta que Hajar lo hab√≠a encontrado cavando una zanja en el campo del qadir.¬† Nunca se hab√≠a preguntado qu√© hab√≠a sucedido esa noche. Hab√≠a asumido que era algo que el hermano mayor de Mishra, el delgado, el misterioso, hab√≠a hecho. Hajar trag√≥ saliva por un momento y luego dijo: “No sabr√≠a que decirle, El Mas Respetado.”¬†

El qadir repiti√≥ ese ruido de gorgoteo bajo nuevamente y dijo: “Yo tampoco lo s√©. Y por eso se la voy a negar a mi hijo, para que no sea tentado de pasarla a manos del rakiq. Voy a conservarla y ver si posee alg√ļn poder de los Antiguos”.

Desliz√≥ la joya en el bolsillo de su voluminoso chaleco y cambi√≥ de posici√≥n, enfrentado a Hajar totalmente. Entrelaz√≥ los dedos delante de su rostro y dijo: “Ahora la pregunta es, ¬Ņpor qu√© el ni√Īo pide algo en nombre de un rakiq?”

Hajar tartamude√≥ y dijo: “Podr√≠a ser que su hijo haya o√≠do hablar de la piedra del rakiq y quer√≠a que fuera suya.”

El qadir inclin√≥ la cabeza por un momento, como si considerara esa opci√≥n por primera vez. “Tal vez”, dijo, sacudiendo la cabeza. “O tal vez √©l quer√≠a recuperarla para su amigo y tutor.”

Hajar busc√≥ las palabras adecuadas. “El hijo de un qadir nunca ser√≠a amigo de un rakiq forastero”.

 

El Fin de la Confianza en Mishra

“Estoy de acuerdo”, respondi√≥ el qadir. “Mi temor, sin embargo, es que escucha demasiado al forastero. Se apoya en √©l, como un hombre se apoya en una muleta. Y si uno se inclina demasiado a menudo, se olvida c√≥mo caminar por si solo.”¬†

Hajar dijo suavemente: “Yo no creo que usted deba temer que esto ocurra.”

“Yo no le temo a nada”, dijo el qadir r√°pidamente. “Pero ahora el muchacho tambi√©n deber√° acudir a nuestras incursiones. √Čl es joven, pero no demasiado joven como para aprender el oficio de un hombre de batalla. Se le ense√Īar√° cuando est√© en el campamento, as√≠ que el rakiq solo tendr√° que ocuparse de los fuegos del cocinero. Dime, si √©l pasa su tiempo en nuestras incursiones, ¬Ņel ni√Īo todav√≠a sabr√° lo suficiente para fines del pr√≥ximo a√Īo para ser considerado educado? “

 

Hajar pens√≥ por un momento. El hijo del qadir era ahora m√°s sabio que la mayor√≠a de los Suwwardi del campamento. Pero de alguna manera sinti√≥ que era la respuesta equivocada. A√ļn as√≠, habl√≥ con la mayor parte de verdad. “A finales del pr√≥ximo a√Īo. S√≠, supongo que s√≠.”

El Qadir se recost√≥ en las almohadas. “Excelente. Cuando el ni√Īo llege a su mayor√≠a, de edad ya no necesitar√° esa muleta. Y cuando llegue ese momento, la muleta se romper√° y ser√° dejada a un lado. ¬ŅHe sido claro?”

 

 

Espero que os haya gustado esta introducción en el Destino de Mishra. No olvides  solicitar que te enviemos todas las Reglas y Guías de Magic GRATIS. Y por supuesto, estaré deseando que dejes un comentario en este artículo justo aquí abajo para darme fuerzas de seguir trabajando. 

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