fbpx

La Piedra de Mishra

Muy buenas queridos lectores. Hoy os traemos la 2¬™ entrega del destino de Mishra narrada por nuestro colaborador Curacapao y la que es la 6¬™ parte de la Saga de Urza. Dejamos la historia de Mishra con este como mejor amigo del hijo del Qalir, el Qalir se ha dado cuenta y esta haciendo ya planes para deshacerse de el en un a√Īo antes de que su hijo sea mas grande y sea mas influenciado por nuestro protagonista. Si te perdiste el principio puedes ver aqu√≠ la primera parte de Mishra. En el cap√≠tulo de hoy La Piedra de Mishra vuelve a su legitimo due√Īo y descubrimos un nuevo poder oculto que cambiar√° el destino de su sino.

 

Los Sue√Īos de Mishra

Mishra so√Īaba.¬† A medida que su cuerpo se curaba de sus golpes y su esp√≠ritu se recuperaba de la fatiga cotidiana, los sue√Īos de Mishra se hac√≠an m√°s fuertes. A veces so√Īaba con Tocasia, a veces con su hermano. Pero m√°s a menudo so√Īaba con la piedra, ya que le cantaba en la oscuridad.¬† √Čl le hab√≠a dicho al hijo del qadir de la piedra, y el muchacho hab√≠a descubierto que, efectivamente, su padre todav√≠a la ten√≠a en su poder.

Mishra lo sab√≠a ya, porque cuando llevaba la piedra al campamento no cojeaba nunca.¬† As√≠ que so√Īaba con la piedra, la imaginaba girando en el espacio, cantando su canto lastimero, clamando por √©l. √Čl la quer√≠a de vuelta. Quer√≠a ir hacia ella.¬† Y en sus sue√Īos lo hac√≠a.¬† En el sue√Īo, se despert√≥ y se dio cuenta que estaba en otro lugar, lejos del campamento Suwwardi, lejos del propio desierto. Lejos del mundo.

 

La llamada de la Piedra de Poder

Escuch√≥ el canto de su joya a la distancia, y se dirigi√≥ hacia ella.¬† La vegetaci√≥n alrededor de la colina desnuda era espesa y enredada, pero se traslad√≥ a trav√©s de ella como si fuera un fantasma. Era una explosi√≥n de brillantes amarillos y naranjas contra hojas m√°s oscuras. Se detuvo y vio que las hojas ten√≠an un brillo extra√Īo, como si hubieran sido fabricadas con chapas de acero. Las flores tambi√©n eran met√°licas y en lugar de n√©ctar desped√≠an un olor nauseabundo a √©ter.¬† Toc√≥ una de las hojas, y¬† esta reverber√≥ a su contacto. Su lamento coincidi√≥ con el de la piedra, y la ignor√≥, siguiendo el llanto conmovedor de su joya.

Encontr√≥ un huevo de c√°scara transparente y por un momento pens√≥ que era su joya perdida. En una inspecci√≥n m√°s cercana, vio que el huevo del tama√Īo de una mano ten√≠a una c√°scara transl√ļcida, y dentro de ese caparaz√≥n, una peque√Īa criatura, de color dorado¬† estaba creciendo. No, no estaba creciendo, se dijo, se estaba uniendo. Criaturas m√°s peque√Īas de oro mov√≠an juntas y articulaciones a su alrededor dentro de la c√°scara, arm√°ndola como uno de los dispositivos de Urza. Mientras miraba, la forma delgada de la piel de un lagarto y el cr√°neo apareci√≥ en la l√≥brega oscuridad del huevo.

A continuaci√≥n, el canto comenz√≥ de nuevo. Dej√≥ el huevo en el suelo y sigui√≥ el canto de sirena.¬† Comenz√≥ a llover y la lluvia sab√≠a a l√°grimas, dejando manchas de estr√≠as de aceite en su ropa.¬† Sigui√≥ a la canci√≥n.¬† Por fin lleg√≥ a un edificio, una pir√°mide entre la selva de las plantas de metal. La arquitectura del edificio le resultaba familiar. Estaba hecha de ra√≠ces fibrosas y cables met√°licos. Hab√≠a marcas en el lateral del edificio, pero en su sue√Īo no pod√≠a descifrarlas.¬† Las plantas hab√≠an retirado sus ra√≠ces de la base de la pir√°mide, y Mishra vio una escalera que conduc√≠a hacia arriba a una peque√Īa alcoba. Dentro de esa cueva brillaba la luz verde de la piedra de poder.

 

Sue√Īos Pasados

S√≠, hab√≠a visto este tipo de edificio antes. √Čl hab√≠a estado en uno, una sola vez, en un pasillo forrado con espejos cuando tuvo por primera vez la piedra, la piedra que ahora le esperaba.¬† Hubo un fuerte ruido met√°lico a su derecha entre las hojas gruesas y dentadas. Una cabeza de bronce enorme se erigi√≥ de la vegetaci√≥n circundante. Al principio Mishra pens√≥ que era una serpiente gigante, ya que ten√≠a una enorme cabeza triangular montada en el extremo de un cuello met√°lico zigzagueante. Luego la bestia sali√≥ completamente, y Mishra vio que el cuello estaba amarrado a un cuerpo enorme, colosal, con patas de le√≥n que terminaban en afiladas garras de acero.

 

La Piedra de Mishra

Se trataba de un dragón, pero uno mecánico, elaborado por manos desconocidas y al que se le había ofrecido vida inhumana. En sus ojos apagados, parpadeaban gemas azules; vapor respiraba de sus fosas nasales y se filtraba de sus articulaciones. Se trataba de un motor construido con la forma de una gran sierpe.  El dragón mecánico vio a Mishra y dejó escapar un bramido bajo, un reto. Luego comenzó a avanzar, medio zigzagueando, medio deslizándose de su escondite selvático.

 

El Enigma de la Criatura

Al primer contacto con la piedra una ola de paz se apoderó de Mishra, y se olvidó de la máquina de vapor detrás de él. Cuando se dio vuelta, la criatura ya no estaba tratando de subir la escalera para llegar a él.  En su lugar, yacía a lo largo de la base de los escalones. Sus orejas se colocaron de nuevo detrás de su cabeza, y sus ojos ya no parpadeaban con rabia sino con obediencia. Vapor de agua chorreaba débilmente de sus narices.

Estaba esperando para que √©l le dijera qu√© hacer.¬† Mishra levant√≥ la gema, y su luz ba√Ī√≥ totalmente a la criatura. Era realmente un artefacto mec√°nico con forma de drag√≥n. Sus patas delanteras eran como la de un drag√≥n, pero en vez de patas traseras pose√≠a una serie de placas unidas y enroscadas sobre un conjunto de ruedas m√°s peque√Īas. Una cinta de rodaje, pens√≥ Mishra. El dispositivo llevaba consigo un camino continuo que pod√≠a ser colocado debajo delante de √©l y recogido despu√©s. Ten√≠a mucho sentido.

“Interesante”.¬† Alguien dijo algo, y Mishra se dio la vuelta.

Nadie volvió a hablar, pero Mishra, oyó que la palabra resonó en su mente.

 

El Gran Poder de la Criatura

All√≠ encima de la alcoba estaba sentada la figura del espejo de su visi√≥n anterior, una criatura de huesos, armadura, cuernos, y trenzas. De alguna manera Mishra sab√≠a que esto era mucho m√°s que un artefacto, con sus m√ļsculos expuestos con forma de cables de soga y sus cuernos apuntando hacia atr√°s. Era un ser vivo, un ser poderoso y, a diferencia del drag√≥n motorizado no ser√≠a intimidado por el poder de la piedra.¬† La criatura se alz√≥ sobre la alcoba observando Mishra durante un largo rato. El joven era vagamente consciente de que las largas trenzas a lo largo de los cuernos de la criatura eran m√°s como tent√°culos cubiertos y se mov√≠an por su propia voluntad.¬† Entonces la criatura se rio de Mishra, una risa seca, hueca, la risa de un esqueleto.

“¬°Dame la piedra!” grit√≥ la criatura y salt√≥ encima de √©l.¬† Mishra grit√≥. Trat√≥ de levantarse, trat√≥ de salir corriendo, trat√≥ de forzar al drag√≥n motorizado para que lo defendiera. Pero la criatura con cuernos se ech√≥ a re√≠r, y Mishra sinti√≥ su garra estrangul√°ndose alrededor de su propia mano, aquella que sosten√≠a la gema.

Sintió un dolor desgarrador a lo largo de su brazo mientras la criatura le arrebataba la joya, llevándose el brazo de Mishra junto con él.  Mishra volvió a gritar y se despertó.

 

El Campamento Suwwardi

Estaba en su tienda, el extremo abierto ondeaba cerca del fuego para cocinar. Uno de los guardias estaba cerca del fuego, lo miraba, pero no se movi√≥ ya sea para ayudarlo o castigarlo.¬† Mishra mir√≥ a su brazo izquierdo. Todav√≠a estaba all√≠, aunque hab√≠a rayas de color rojo en toda su longitud, como si una zarza se hubiera arrastrado a lo largo de su longitud. O como si unas garras lo hubieran agarrado.¬† Su pu√Īo se apretaba con fuerza, poco a poco Mishra abri√≥ sus dedos. No hab√≠a ninguna gema verde en el centro de su mano. No hab√≠a nada en absoluto.¬† Mishra respir√≥ hondo. Hab√≠a sido un sue√Īo, m√°s salvaje y realista que los de antes, pero todav√≠a un sue√Īo. Exhal√≥ lentamente.

Entonces, el suelo debajo de él comenzó a temblar.

Hajar estaba de guardia esa noche, pero en el per√≠metro m√°s alejado del campamento. Uno de los sobrevivientes m√°s tarde dijo que escuch√≥ al joven rakiq del qadir gritar una maldici√≥n antes de que el abismo se abriera y liberara a sus demonios. Pero que podr√≠a haber sido algo que se a√Īadi√≥ despu√©s de este hecho. As√≠ que mucho de lo que sucedi√≥ esa noche fue cambiado m√°s tarde.¬† Al principio Hajar pens√≥ que no era m√°s que un temblor de la noche.

 

Una Leyenda hecha Realidad

Sin embargo, un temblor de la noche se prolongaba solo un momento, tal vez dos, y luego disminu√≠a. √Čste persisti√≥ durante diez segundos. Luego se hizo m√°s fuerte. Ya el campamento estaba reaccionando ante el asalto. Las cabras se precipitaron desde un extremo de su corral al otro, en busca de alg√ļn medio de escapar. Varios de los caballos, atados por la noche, tiraron de las riendas, tratando de escapar. Hubo gritos entre el campamento de los guardias mientras se llamaban unos a otros y los Fallaji que dorm√≠an se despertaron s√≥lo para encontrar que la tierra ondulaba sobre ellos.

Hajar gritó, pero no sabía si hacía ruido. Ya el rugido de la tierra era más de lo que sus oídos podían soportar.

La Piedra de Mishra

Entonces, el mak fawa escap√≥ de su prisi√≥n de barro y perfor√≥ el centro del campamento.¬† Era un drag√≥n de las viejas leyendas, su cabeza ten√≠a un pico en forma de cu√Īa que sin esfuerzo araba la tierra, seguido por un cuello de cadena, y, finalmente, un gran cuerpo hecho de costillas de metal. A Hajar le tom√≥ un momento olvidarse de la primera imagen del drag√≥n. El mak fawa estaba hecho totalmente de metal, su piel de bronce brillaba a la luz de la luna.

 

La Defensa del Campamento

Varios de los guardias ya estaban huyendo, pero muchos más corrían hacia la monstruosidad. La criatura había aparecido desde abajo, cerca del centro del campamento, cerca de la tienda del qadir. En algunos Fallaji afloró su lealtad, en otros, el miedo. Hajar sentía nada más que precaución para salvar vidas. Agarrando su lanza, corrió en espiral alrededor del perímetro del campamento, con la esperanza de recoger algunos refuerzos antes de la carga de la bestia.

 

Sus mandíbulas se cerraron sobre la cabeza y los hombros del atacante, y el guerrero gritó. El grito se mantuvo hasta que el dragón agitó su cabeza como un látigo, abriendo sus fauces cuando su cabeza llegó al punto más alto del arco y liberando a su atacante. El grito voló por encima de la cabeza de Hajar y se cortó de repente cuando el guerrero cayó en la oscuridad más allá del campamento.

Otros guerreros estaban atacando ahora, pero sus espadas curvas y punzantes lanzas Suwwardi no surt√≠an efecto alguno m√°s que como si se intentara atravesar con ellas un muro de piedra. La cabeza del drag√≥n se lanz√≥ de nuevo hacia delante y se acerc√≥ hacia la silueta luchadora de otro guerrero. √Čste se sacudi√≥ hacia atr√°s y adelante, como uno de los perros del qadir atormentando a una liebre. El drag√≥n le arroj√≥ eficazmente de su lugar y emergi√≥ lentamente del pozo que le restaba escalar.

 

Mishra : La √öltima Esperanza

Hajar también quería atacar, así como muchos de los guerreros lo estaban haciendo, para proteger a los qadir y su campamento, para vengarse de la criatura. Pero la parte de él que había trabajado para Ahmahl en el campo de la mujer Argiviana sabía lo que era esa cosa y quien sería el mejor para manejar la situación.

Encontr√≥ a Mishra debajo de su carpa, acurrucado en una peque√Īa bola.¬† “El sue√Īo”, murmur√≥ con los ojos cerrados. “El sue√Īo”.

A Hajar le pareció como si el joven estuviera tratando de ahuyentar a la criatura.

 

“Es real”, le espet√≥ Hajar, a√Īadiendo en Argiviano, “Se trata de un dispositivo. Un artefacto. Usted sabe sobre estos dispositivos. ¬ŅC√≥mo le vencemos?”

Las palabras en idioma extranjero parecieron calmar al erudito. “Por supuesto,” dijo lentamente. “Tiene que ser un dispositivo. Tal vez no es Thran, pero a√ļn as√≠ es un dispositivo. ¬°Debo tener la piedra!”

“¬ŅPiedra?” dijo Hajar con una sensaci√≥n de malestar creciente en la boca del est√≥mago.

“Una joya verde, cortada por la mitad”, dijo Mishra r√°pidamente. “Ellos me la quitaron cuando vine por primera vez. Con ella puedo debilitar al drag√≥n de vapor.”

“Yo la he visto”, dijo Hajar, volvi√©ndose hacia la batalla. En silencio, a√Īadi√≥: “El qadir la tiene.”

 

La Muerte del Qadir

Hajar mir√≥ a trav√©s de la devastaci√≥n que el drag√≥n hab√≠a creado. Mujeres, ni√Īos y ancianos¬† hu√≠an a trav√©s del campo, mientras que los guerreros se hab√≠an reagrupado para otro asalto. El joven Fallaji vio la figura obesa del qadir entre ellos. Hubo un destello de color verde en el ancho pecho del qadir.¬† “¬°All√≠!” Hajar se√Īal√≥ la gran figura del jefe Suwwardi. “¬°√Čl la tiene!” No se detuvo a esperar para ver si Mishra lo estaba siguiendo, pero dio un salto adelante hacia la contienda.

Los hombres habían sido cocinados allí donde se encontraban. Su carne despellejada y calcinada por el calor. Hajar sintió bilis subiendo por su garganta, pero buscó a su alrededor por una forma grande, una forma parecida a la del qadir. Hajar lo encontró boca abajo sobre la tierra, un charco creciente de sangre corría por debajo de su cuerpo, allí donde el vapor había desintegrado la piel del qadir hasta los huesos.

Maldiciendo su tarea, Hajar se arrodilló junto al cadáver del anciano y empezó a rebuscar en sus bolsillos. Miró una sola vez de soslayo, solo para ver un asalto liderado por el hijo del qadir hacer un impacto mínimo en la piel blindada de la criatura.  El qadir había sido fiel a su palabra mantenido la piedra cerca de él. Brillaba ahora, reflejando los rescoldos de la carne carbonizada de su alrededor.  Hajar agarró la piedra y cometió el error de mirar hacia arriba otra vez. Se quedó mirando directamente a los ojos y la boca del mak fawa.

 

El Mak Fawa

Hajar se dio cuenta que había cierto razonamiento detrás de esos ojos. Estos no eran como los de los su-chi o los pebeteros del campamento Argiviano. Había una inteligencia dentro de esos ojos y una malignidad detrás de esa inteligencia. El mak fawa miró a Hajar y supo al instante que era él, lo que estaba teniendo en sus manos, y por qué no podía usarlo.

El dragón abrió la boca, y se oyó el ruido del viento del desierto otra vez.

La Piedra de Mishra

Hajar sabía qué esperar y corrió entre sus piernas hacia el perímetro del campamento.  Su espalda brilló cuando la nube de vapor se disipó a su alrededor. Al internarse en la nube de vapor se libró de él y vio acercarse a Mishra desde la otra dirección. Hajar miró hacia atrás. El mak fawa ya estaba liberándose de su banco de vapor. Se inclinó pesadamente hacia adelante, hacia ellos.  Hajar dio la vuelta y lanzó la mitad de la piedra hacia Mishra.

Luego saltó a un lado, cubriendo su rostro con los brazos pensando en la posibilidad de que Mishra no supiera realmente qué hacer para derrotar al dragón de vapor. Tal vez, pensó desesperadamente, el dragón lo creería muerto y se alejaría de él.  Durante un momento que le pareció eterno Hajar mantuvo su posición. En cualquier momento sufriría la ira del dragón. Cuando sintió que esto no ocurría alejó lentamente sus manos de su cara.

 

El Nuevo Poder de La Piedra de Mishra

El mak fawa estaba expectante, observando el mundo como lo haría uno de los perros del qadir (el ahora fallecido qadir, recordó Hajar). Sus patas con garras de acero estaban estiradas y descansaban bajo sus ancas delanteras, y Hajar se dio cuenta  que en vez de patas traseras tenía un curioso conjunto de ruedas y placas. El cuello del dragón mecánico remachado en forma recta yacía acostado en el suelo, formaba una flecha con el hocico de la bestia metálica como su cabeza. Arroyos de vapor rojizo silbaban desde las comisuras de su boca cerrada. En la punta de esa flecha estaba Mishra, sosteniendo la joya verde en lo alto. En sus manos el poder de la piedra brillaba, un faro en la noche. Hajar se puso de pie y se tambaleó hacia el estudioso.

“¬ŅLo has matado?” -le pregunt√≥.

Mishra neg√≥ con la cabeza, y su voz sonaba lejana. “No. Esto es diferente. No se ve debilitado por m√≠. Creo que me obedece”.

Hubo gritos, y Hajar vi√≥ al joven qadir acercarse. Estaba sangrando de un feo corte a lo largo de un brazo, y su cara enrojecida parec√≠a que hab√≠a cogido parte de la nube de vapor. “¬ŅEst√° muerto?” le grit√≥ a Mishra.

“Dominado”, respondi√≥ el sabio. “Creo que lo puede controlar ahora”.

El joven qadir asinti√≥ y dijo: “Mi padre estar√° contento.”

 

El Nuevo Qadir

Entonces Hajar quiso comenzar a hablar. “Lo siento mucho, joven, pero tu padre est√°…” Dej√≥ que su voz se desvaneciera. “Usted es el qadir ahora.”

El nuevo qadir asinti√≥ y se dirigi√≥ a Mishra. “¬ŅPuedes controlar esto?” Fue una pregunta directa.

“Creo que puedo”, dijo Mishra.

“¬ŅAlguien m√°s lo podr√° controlar?” pregunt√≥ el joven caudillo. Mishra pens√≥ por un momento, luego neg√≥ con la cabeza.

“Yo creo que si su padre lo hubiera podido hacer, lo hubiera hecho.” Luego otra pausa. “Lo podemos comprobar m√°s tarde.”

“De acuerdo”, dijo el joven qadir. “Ll√©vate esta cosa lejos del campamento por el momento y permanece con ella hasta que amanezca.” A Hajar le dijo: “Ll√©vame al cuerpo de mi padre. Hay que inspeccionar a los heridos y ver qu√© tanto da√Īo se ha hecho. Hemos perdido mucho esta noche.” Mir√≥ al drag√≥n mec√°nico pensativo y dijo tanto para s√≠ mismo como a Hajar, “Pero tal vez hemos ganado mucho tambi√©n.”

Hajar y Mishra vacilaron s√≥lo un momento, pero fue suficiente para ganar el oprobio del nuevo qadir de los Suwwardi, el mayor jefe de las tribus Fallaji. “¬°P√≥nganse en movimiento!”

Mishra dijo suavemente: “Como quieras, el m√°s venerado. Sigo siendo su rakiq”.

“No,” dijo el joven, alzando una mano en la misma forma que su padre hab√≠a hecho meses antes. Su rostro se suaviz√≥ por un momento. “Ya no eres rakiq, ya no eres un esclavo. Ahora te nombro mi raki, mi hechicero. Te necesito a mi lado, con este dispositivo incre√≠ble. Con el podremos mantener nuestro dominio sobre las otras tribus y ganar otras nuevas. ¬ŅMe servir√°s de buena gana?”

Mishra se arrodill√≥ y le dijo: “Por supuesto”.

Hajar qued√≥ impresionado tambi√©n. El ni√Īo actu√≥ como si hubiera estado preparando para ese momento y sab√≠a exactamente lo que hab√≠a que hacer.

“Gracias”, dijo el joven a Mishra. “En verdad tu madre y mi madre deben haber compartido una misma madre. ¬°Pero ahora vamos, deprisa! ¬°Tenemos todav√≠a mucho por hacer esta noche!” .

 

Espero que os haya gustado esta introducción en el Destino de Mishra. No olvides  solicitar que te enviemos todas las Reglas y Guías de Magic GRATIS. Y por supuesto, estaré deseando que dejes un comentario en este artículo justo aquí abajo para darme fuerzas de seguir trabajando. 

Facebook | YouTube | Twitter

 

También te podría gustar...

2 Respuestas

  1. Alan Quinteros dice:

    Que dedicación, te quedo en todo el artículo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.