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Mishra y su Mascota Mec√°nica

Hola apasionados del Lore, vuelve a estar aquí con vosotros, Curacapao, para traeros otra entrega de nuestros hermanos favoritos. Después de conocer como le iba a Urza en la corte, hoy conoceremos que tal le va al hermano menor, Mishra entre las tribus con su mascota mecánica.

 

Ashnod

El ej√©rcito de invasi√≥n estaba detenido fuera de los muros de Zegon, y Hajar conoc√≠a a Mishra lo suficiente como para darse cuenta de que estaba preocupado. Pero Mishra no le dir√≠a al qadir sobre sus preocupaciones. Hajar tampoco lo hubiera hecho. En los √ļltimos a√Īos el qadir hab√≠a crecido hasta convertirse en un adulto, y su desarrollo no hab√≠a sido totalmente bueno. El ansioso joven que estaba interesado en los cuentos populares Argivianos se hab√≠a transform√≥ en un obeso tirano.

 

Mimado por su tribu y partidarios, y apaciguado por las tribus que ahora segu√≠an a los Suwwardi. No hab√≠a nadie que le pudiera decir que no. Al menos nadie hab√≠a sobrevivido lo suficiente para decirle que no por segunda vez. Lo que antes era petulancia ahora se hab√≠a transformado en una violenta tozudez. Lo que antes era ansiosa valent√≠a ahora era temeridad. Se hab√≠a convertido en una persona m√°s obesa de lo que su padre lo hab√≠a sido jam√°s, pero estaba convencido de que a√ļn podr√≠a conducir batallas por s√≠ mismo. Su estado de √°nimo era veleidoso, sus respuestas violentas.

 

El Auge de Mishra

A medida que la tiranía del qadir crecía, Mishra se hacía más popular entre los Suwwardi. El antiguo esclavo sabía como hablar con el qadir, de tal manera que podía presentarle las opciones más desagradables y escapar con la cabeza todavía pegada a su cuerpo. Los capitanes de guerra del qadir notaron esto desde el primer momento, luego los cortesanos, y finalmente los jefes de las otras tribus. Pronto las personas con malas noticias o nuevos planes visitaban primero Mishra por sus consejos y ayuda antes de hablar directamente con el qadir.

 

Por su parte Mishra estaba abierto y acogedor con la gente que lo había tenido como esclavo hacía tan poco tiempo. Era bien versado en las tradiciones y leyendas del desierto y siempre tenía la analogía correcta, las palabras adecuadas, y un jarro de nabiz a mano. Pero él siempre dejaba en claro que su consejo se basaba en lo que era mejor para el qadir de los Suwwardi, solo contradecía al qadir con muchas reticencias.

 

El Gran Dragón Mecánico

Asimismo, las tribus actualmente consideraban al joven qadir como el jefe del mak fawa, ignorando el hecho de que en realidad era su mago, su Jefe Argiviano, el que controlaba a la bestia. Pero en ese sentido la lógica Fallaji también era simple. El asistente extranjero podría controlar a la bestia, pero el qadir controlaba al mago.

 

Los Suwwardi pronto descubrieron que s√≥lo el raki pod√≠a controlar al gran drag√≥n mec√°nico. Tan pronto como este le pasaba la piedra de poder a otro (con grandes reservas y s√≥lo por orden directa del qadir), el artefacto se alzaba sobre sus cuartos traseros y amenazaba con salirse fuera de control. Luego de unos pocos experimentos la gema fue puesta de forma permanente en las manos de Mishra, y a los de la tribu que sab√≠an de ella se les inform√≥ que la piedra permanecer√≠a all√≠. Mishra pod√≠a poner a la bestia a dormir mientras √©l descansaba y hacer que respondiera a sus caprichos mas peque√Īos. De hecho, Hajar se dio cuenta de que ya no le hac√≠a falta hacer uso de palabras reales entre el raki y su sirviente mec√°nico. Un gesto o una inclinaci√≥n de cabeza era suficiente.

 

Las Proezas Bélicas de Mishra y su Mascota Mecánica

La conquista de los territorios mas profundos del desierto por los Suwwardi se realizó completamente sin incidentes. Un grupo de exaltados del clan Thaladin trató de emboscar al ejército del qadir. La parte principal de la caravana se retiró antes de su asalto, y Mishra desató su dragón mecánico entre los jóvenes jinetes. Quince murieron, entre ellos el hijo del jefe Thaladin, sin la pérdida de un solo Suwwardi. Los Thaladin se rindieron poco tiempo después.

 

Despu√©s de consolidar su posici√≥n en el desierto oriental, el qadir se dirigi√≥ al oeste. La c√ļpula bulbosa de Tomakul era el centro del poder Fallaji, era la ciudad mas enorme y antigua de todas. Mishra hab√≠a dicho que estaba m√°s preocupado por las patrullas a lo largo de la frontera Argiviana y el aumento de las actividades Yotianas hacia el sur.

 

city of brass

 

En realidad, Hajar sabía que necesitaba más tiempo para estudiar a su criatura maravillosa, pero el qadir no sería disuadido. El ejército se dirigió al oeste hacia la capital. Solo había que concentrarse en lo esencial, había dicho el qadir, con el fin de contrarrestar cualquier plan elaborado en los pasillos de los muchos palacios de Tomakul.

 

La toma de Tomakul

No tenía de qué preocuparse. Tomakul estaba tan podrido como un fruta vieja, a la espera del mas ligero golpe para partirse en dos. En este sentido muchos de los habitantes de la ciudad eran más bien Yotianos que Fallajis. Estaban preocupados por la riqueza, el dinero, y las caravanas. Siempre y  cuando el qadir prometiera no interferir con su vida cotidiana, estuvieron muy contentos de abrirle sus puertas.

 

El qadir aceptó su tributo, pero no quiso entrar en la ciudad. En su lugar, acampó afuera de sus muros a la sombra de su gran bestia y hizo que la gente de la ciudad acudiera a él.  Hajar y Mishra habían ido a la ciudad. La encontraron hermosa y corrupta, maravillosa y enferma.

 

Aunque Mishra instó encarecidamente a su jefe para que partiera rápidamente hacia el oeste a la ciudad famosa por sus académicos, el qadir determinó que se desplazarían hacia el sur. Irían a Zegon, dijo, al lugar que compartía su herencia con los Fallaji y que era justamente parte de su imperio compartido. Mishra protestó, pero al final el qadir dejó en claro que el asunto estaba cerrado.

 

La Mascota Mec√°nica se revela

Y ahora, reflexion√≥ Hajar, estaban estancados fuera de la capital de Zegon, con quinientos hombres y un drag√≥n mec√°nico. Peor a√ļn, el drag√≥n se estaba portando mal. Era una cuesti√≥n simple.

 

Cuando habían llegado a media milla de la capital, el mak fawa se detuvo. Simplemente se negó a continuar más lejos hacia la ciudad. Podía ir hacia el este o al oeste o retroceder, pero no se acercaba a Zegon, y ninguna cantidad de órdenes mentales, movimientos con la mano, gritos o golpes pudieron convencer a la bestia mecánica de lo contrario. El qadir, alguien al que no se le negaba nada, estaba furioso.

 

La conquista de Zegon

El quería que la bestia se avecinara ante las puertas frontales de Zegon cuando la ciudad se rindiera. En su lugar los ejércitos estaban a la vista de las paredes blancas de la ciudad, pero no pudieron avanzar más allá.

 

Hajar pudo ver a los guardias de la ciudad alineados en las almenas de la pared exterior, lanzas en mano, casi burl√°ndose del ej√©rcito del qadir. Algunas de las lanzas ten√≠an cr√°neos en sus puntas, sin duda alg√ļn insulto adicional Zegoniano con el que Hajar no estaba familiarizado.

 

Lo √ļnico que las fuerzas del qadir pod√≠an hacer era transformar esta mala situaci√≥n en algo bueno. El drag√≥n motorizado comenz√≥ una larga y lenta patrulla alrededor de todo el per√≠metro de la ciudad, manteni√©ndose a media milla de distancia en lo que parec√≠a mantener a raya un muro f√≠sico. Se envi√≥ un mensaje a los l√≠deres de Zegon, llamando su atenci√≥n sobre el poder del drag√≥n de vapor y exigiendo la capitulaci√≥n inmediata de la ciudad.

 

Los Zegonianos enviaron una escueta nota que considerarían la oferta del qadir y que era bienvenido a esperar hasta que se decidieran.

 

Mishra busca una solución para su Mascota Mecánica

Este desaf√≠o no mejor√≥ el estado de √°nimo del qadir. Esa tarde en su tienda arremeti√≥ contra sus capitanes, y en particular contra su raki. “¬ŅPor qu√© no lo puedes mover m√°s cerca?,” tron√≥. ‚ÄúNo sabemos por qu√©”, respondi√≥ Mishra con calma. “¬ŅPor qu√© no lo saben?”-grit√≥ el qadir. Debido a que has exigido que corramos a toda velocidad por todo el continente impresionando a las otras tribus, pens√≥ Hajar.

 

Porque no hemos tenido el tiempo ni los recursos para estudiar a la bestia, salvo unos dibujos apresurados que pudimos hacer mientras nos desplaz√°bamos de un lugar a otro. Debido a que no ha sido una prioridad para usted hasta ahora.

 

Hajar se pregunt√≥ si Mishra tambi√©n estaba pensando lo mismo. En cambio, el raki del qadir dijo: “Podr√≠an ser muchas cosas. Posiblemente hay algo en la misma ciudad que nos mantiene alejados de sus l√≠mites. O puede ser algo sobre la naturaleza del mak fawa. Es posible que haya alg√ļn elemento de los Zegonianos que afecta al motor. No tenemos suficiente informaci√≥n para estar seguro. Ahora la pregunta es, ¬Ņseguimos adelante o replegamos nuestras tiendas y abandonamos Zegon, content√°ndonos con la riqueza de las naciones unidas del desierto?”

 

La decisión del Qadir

El Qadir sigui√≥ hablando. “Seguiremos aqu√≠. Patrullaremos con el drag√≥n mec√°nico. Empecemos a conquistar las ciudades m√°s peque√Īas, aquellas que se hallen a un radio de media milla. Hagamos que esta gente huya hacia la capital: gente aterrorizada, que les contar√° del monstruo que se encuentra esperando m√°s all√° de sus puertas. Mientras tanto, enviar√© mensajeros de regreso a Tomakul para reunir m√°s guerreros. Reuniremos los suficientes como para romper los muros si esto es necesario.”

 

Pero Mishra s√≥lo asinti√≥ con la cabeza y dijo: “Vamos a necesitar maquinaria de asedio. Nada complejo. Simples arietes para asaltar sus puertas por todos lados. Eso, mas una gran cantidad de tropas deber√≠an ser suficientes.”

 

mishra y su mascota mec√°nica

 

Las Dudas de Hajar sobre Mishra y su Mascota Mec√°nica

Hajar se pregunt√≥, no por primera o √ļltima vez, ¬Ņpor qu√© Mishra simplemente no utilizaba el poder del drag√≥n mec√°nico para escapar de la tiran√≠a del peque√Īo qadir o para establecerse como qadir?. El ex excavador cre√≠a saber la respuesta a esa pregunta. El raki pod√≠a destronar al qadir e incluso mantener un grupo de tribus que lo apoyaran. ¬ŅPero con qu√© fin? No ten√≠a ning√ļn deseo aparente por gobernar un imperio o incluso una peque√Īa parte de el. Prefiere ser el poder detr√°s del trono.

 

Hajar todavía estaba dándole vueltas a estos asuntos en su cabeza mientras él y Mishra regresaban a la tienda del raki, situada en las afueras del campamento, con el remoto objetivo de que el raki podría llegar a convocar más dragones en la oscuridad de la noche.

 

¬†Mishra estaba en silencio, como siempre despu√©s de una de las explosiones del qadir. Un guardia estaba fuera de la tienda del raki, lo cual era inusual. Aunque m√°s inusual era que el brasero en su interior ya estaba encendido, y la tienda de campa√Īa emit√≠a un resplandor c√°lido y acogedor. “Visitante”, dijo el guardia. Su acento era atroz, y de inmediato Hajar lo catalog√≥ como uno de los occidentales de las tribus en torno a Tomakul.

 

El Visitante

¬†“Es tarde”, dijo Mishra. El guardia se encogi√≥ de hombros. “¬ŅEl qadir lo sabe?” pregunt√≥ Mishra, gan√°ndose otro encogimiento de hombros.

 

Hajar sinti√≥ que su irritaci√≥n se dirig√≠a hacia el guardia. ¬ŅDe qu√© sirve un guardia que no vigila nada? ¬ŅEs este el tipo de hombre al que estamos confiando nuestro imperio?

 

¬†“Ya veo”, dijo Mishra sin enojo aparente. “Vuelve a tu cargo.” El hombre le dio una sonrisa con dientes de oro y se desvaneci√≥ en la oscuridad. Mishra entr√≥ en su tienda, y observ√≥ al intruso.

 

“He estado esperando”, dijo, para sorpresa de Hajar. “Me alegro de que te hayas acomodado en mi ausencia.”

 

mishra

 

Un visitante esperado e inesperada

El visitante era una mujer, una de las mujeres más cruelmente bellas que Hajar había visto jamás. El cabello pelirrojo era raro en el desierto y se tomaba como un mal presagio entre los Suwwardi. El suyo era el parpadeo rojo de la fogata de una campamento. Rodaba sobre sus hombros en gruesos y ondulados rizos. Sus ojos eran de color gris verdoso como el mar que lamía las costas de Zegon, y así de tormentosos. Estaba vestida con una armadura varonil de estilo extranjero, pero la armadura había sido cortada y tenía una forma más para favorecer su figura que para ofrecerle una protección real.

Hajar se dio cuenta que había dejado de respirar. Respiró hondo y se preguntó si ella lo había notado. Ella estaba recostada sobre unas almohadas de Mishra, y se estiró en ellas cuando este entró.

“¬ŅAcaso no se me esperaba?” -le pregunt√≥. Su voz era suave, pero lleva el filo de una navaja con ella.

“A usted o a alguien como usted”, respondi√≥ con calma Mishra. “Usted representa a los gobernantes de Zegon, y nos va a proponer un acuerdo para salvar su ciudad”.

“Yo no recuerdo haberle dicho eso a nadie, salvo al guardia que soborn√©”, dijo la mujer. ‚ÄúSi eso es lo que el te dijo, tendr√© que hacerlo matar.”

“No hay que preocuparse”, respondi√≥ Mishra. “Ser√° castigado lo suficiente como para no volver a permitir que un forastero entre en el campamento, independientemente del soborno. Se har√° un ejemplo de √©l, y al final desear√° que lo hallamos matado. ¬ŅPuedo ofrecerle algo de nabiz?”

“Por favor”, dijo la mujer, y Mishra hizo un gesto a Hajar para poner una jarra de vino en el brasero. Se sent√≥ frente a la mujer y esper√≥ a que ella comenzara a hablar. En cambio, se qued√≥ mirando a Hajar.

“Su siervo‚Ķ” dijo fr√≠amente. Hajar refren√≥ un insulto.

“Es mi guardaespaldas”, dijo Mishra. “No deber√≠a estar aqu√≠”, dijo la mujer brevemente. “Vete”, dijo Mishra a Hajar, sin dejar de mirar fijamente a la mujer. Hajar comenz√≥ a protestar, pero Mishra lo interrumpi√≥. “Ve a tu tienda de campa√Īa. No le cuentes esto a nadie. Si necesito algo, gritar√©.” Hajar vacil√≥ un momento y mir√≥ a Mishra.

 

El Argiviano no reveló nada sino que simplemente siguió viendo a la mujer sentada entre sus almohadas. Mishra parecía actuar como lo hacía el qadir, pensó Hajar: cerrado e inaccesible. El Fallaji suspiró profundamente y se inclinó, luego se retiró de la tienda. Su rostro marcó su desaprobación.

 

La Negociación del Asedio de Zegon

“Por supuesto, usted tiene raz√≥n” dijo la mujer, tan pronto como Hajar los hab√≠a dejado. “He sido autorizada por los gobernantes de Zegon para negociar en su nombre con los invasores Fallaji”

¬†“Pero usted no es de Zegon”, observ√≥ Mishra. Una peque√Īa sonrisa se dibuj√≥ en la cara de la mujer.

¬†“Y usted no es Fallaji”.

“Soy Mishra, raki de los Suwwardi”, dijo Mishra.

‚ÄúSoy Ashnod”, dijo la mujer, “de nadie en particular.”

“¬ŅEs Zegon su casa?” pregunt√≥ Mishra, pasando una mano por encima del borde de la jarra de metal. El nabiz estaba casi listo.

¬†“Yo no dije eso”, respondi√≥ Ashnod.

“¬ŅY usted es leal a ellos?” -pregunt√≥ el raki.

“Yo tampoco he dicho eso”, respondi√≥ Ashnod.

“Yo simplemente le dije que me dieron la facultad de hablar en su nombre. Coincidieron con bastante facilidad. Me temo¬† que algunos de ellos sienten que si hago una tonter√≠a y me matan, pueden ponerme de excusa y respirar con mayor facilidad.”

¬†“¬ŅY la oferta que ofrecen es …?” -pregunt√≥ el Argiviano, tomando las copas pesadas de metal.

 

Un inesperado Poder

Ashnod lade√≥ la cabeza por un momento y luego dijo: “Un momento”. Se agach√≥ hasta el suelo en la base de las almohadas y extrajo una vara larga. Estaba hecha de negra madera de Bosquetronante y coronada por una mara√Īa de cables de cobre y el estrecho cr√°neo de una criatura del mar. Levant√≥ la vara r√°pidamente y apunt√≥ a la puerta. Ashnod grit√≥ una serie de palabras, y la mara√Īa de cables de cobre cant√≥ una canci√≥n discordante. Jirones de un rayo corrieron a lo largo de los cables y se introdujeron en el cr√°neo. La vara se sacudi√≥ una fracci√≥n en su mano, pero Mishra no vio ning√ļn haz de luz u otra descarga. Si observ√≥ el efecto. Afuera de la entrada de la tienda, Hajar dio un grito ahogado y cay√≥ a su vista, agarr√°ndose el pecho.

 

Mishra se puso de pie r√°pidamente, cruz√≥ la tienda y se arrodill√≥ junto a su guardaespaldas. Hajar temblaba. “Tan fr√≠o”, logr√≥ decir el Fallaji. “Se siente tan fr√≠o”.

“Ten√≠amos que estar a solas”, dijo Ashnod con frialdad bajando la vara. Su frente estaba h√ļmeda por el sudor. “Odio cuando los subordinados no pueden seguir las √≥rdenes.” La ola helada de nauseas pas√≥ a trav√©s de Hajar, y poco a poco el mundo se enderez√≥.

¬†“Ella …” -jade√≥, “¬Ņella hizo … esto?”.

“Ella lo hizo”, afirm√≥ Mishra, ayudando a su guardaespaldas a ponerse en pie.

“Debido a que desobedeciste una orden. Te dije que te fueras a tu tienda de campa√Īa.”

“Pero…”

“Ve ahora, viejo amigo”, dijo Mishra.

 

Hajar mir√≥ al joven, y no hab√≠a nada. No, acaso hab√≠a un tenue rastro de una sonrisa en su rostro. Mishra estaba contento. ¬ŅPor la lealtad de Hajar? No‚Ķpens√≥ el guardaespaldas, era m√°s que eso. ¬ŅEstaba contento por algo que hab√≠a hecho la mujer? ¬ŅEstaba contento porque Ashnod hab√≠an atacado al guardaespaldas con su vara de bruja? Hajar se puso en pie.

 

“Y Hajar …” , dijo Mishra. Hajar se dio vuelta. “Gracias por no haber gritado tan fuerte”, dijo el Argiviano. Una vez m√°s el fantasma de una sonrisa. “Quiero hablar con nuestra invitada antes de que lleguen los guardias”, dijo. “Ahora ve”.

 

La Curiosidad de Mishra

Hajar se dirigi√≥ hacia la noche trastabillando. Mishra lo vio desaparecer en la oscuridad antes de volverle la espalda. Ashnod hab√≠a tenido la oportunidad de verter el nabiz en vasos de bronce y estaba recostada nuevamente en las almohadas, mirando como si nada fuera de lo com√ļn hab√≠a ocurrido. La vara con el cr√°neo en la punta estaba de regreso en la base de las almohadas. Mishra tom√≥ su vaso y se sent√≥ frente a ella. Entonces se ech√≥ a re√≠r. Comenz√≥ como una peque√Īa risita, se transform√≥ en una carcajada, y luego en una risa con movimiento de estomago en toda regla. Al fin, √©l ofreci√≥ su copa en un brindis y dijo:

“Eso fue muy est√ļpido.” Ashnod le mir√≥ indignada y no levant√≥ la copa en respuesta. “√Čl estaba espiando y desobedeciendo su orden.”

Mishra tom√≥ un largo trago del nabiz y se ech√≥ a re√≠r otra vez. “No, no el ataque a Hajar. Sino la forma en que lo ha atacado, doblando su mano.” Ashnod le dirigi√≥ una mirada cruzada, y Mishra sonri√≥.

 

La mujer notó que era una cálida sonrisa, sin malicia, y se relajó por un momento.

“Esa vara”, dijo Mishra. “¬ŅLa hizo usted?”

¬†“S√≠”, respondi√≥ ella.

 

Mishra asinti√≥ con la cabeza y volvi√≥ a sonre√≠r. “Eso es lo que mantiene al drag√≥n mec√°nico a raya, ¬Ņno? Los guardias que se hallan apostados a lo largo de las paredes de Zegon tienen bastones similares. Usted hizo las varas y les dijo a los gobernantes Zegonianos que podr√≠an mantener a los Fallaji lejos de su ciudad.

Poco a poco Ashnod asinti√≥ con la cabeza. “Su artefacto es un gran objetivo”. Mishra continu√≥: “Pero tus bastones tienen un defecto. Absorben mucho al usuario”. Ashnod se qued√≥ en silencio. “Aunque lo ha utilizado solo unos instantes, est√° sudando”, agreg√≥ Mishra. Ashnod gru√Ī√≥. “Los hombres sudan. Las mujeres resplandecen.”

¬†“Bueno entonces usted est√° brillando como un caballo despu√©s de una carrera muy dura,” se ri√≥ entre dientes Mishra. “Y si los guardias de la ciudad se ven afectados de manera similar, se debilitar√°n. Los gobernantes de Zegon no estar√°n contentos con eso.”

Ashnod resopl√≥. “Los gobernantes se apresuraron demasiado en adoptar mis bastones para su defensa”, dijo. “Cuando los guardias comenzaron a debilitarse por su uso, los mismos gobernantes entraron en p√°nico.”

“Y le enviaron al desierto, para pedir la paz”, agreg√≥ Mishra.

“Es probable que le hayan dicho que era su idea lo que les anim√≥ a resistir, por lo que era su culpa.”

¬†“Usted se ha reunido con los Zegonianos antes”, dijo Ashnod con una peque√Īa sonrisa cruzando sus labios.

“He tratado con los de su tipo en muchas formas”, dijo Mishra, inclin√°ndose hacia atr√°s. “As√≠ que dime, ¬Ņqu√© quieren? Como m√≠nimo me refiero.”

Ashnod respir√≥ hondo. “Este es el acuerdo de Tomakul. Se rinden, pagan alg√ļn tributo, reconocen a tu chico como el l√≠der m√°ximo, y vuelven a sus vidas”.

Mishra lo pens√≥. “Suena razonable. No quiere decir que el qadir sea razonable. Despu√©s de todo, nos hicieron detener en nuestro camino, aunque haya sido s√≥lo temporalmente. Ver√© lo que puedo hacer.” El Argiviano dej√≥ su copa. “Ahora d√©jeme ver su juguete”.

El raki Fallaji gir√≥ el bast√≥n en sus manos. “Veo algunas influencias Thran, pero esto es nuevo. ¬ŅC√≥mo funciona?”

 

mishra y su mascota mec√°nica

 

“Afecta a los nervios del cuerpo”, respondi√≥ Ashnod. “El rayo del bast√≥n trastorna el mecanismo del cuerpo que le permite a uno sentir y distinguir el dolor. Si est√° enojado, el objetivo queda incapacitado. El rango de su drag√≥n mec√°nico, no se vio gravemente afectado, pero no vendr√° m√°s cerca.”

 

“Nervios”, dijo Mishra, asintiendo con la cabeza y golpeteando el peque√Īo cristal de potencia colocado en el interior del cr√°neo del bast√≥n.

 

¬†“Correcto”, afirm√≥ Ashnod, dejando su copa e inclin√°ndose hacia adelante. “El cuerpo tiene todo tipo de sistemas dentro de √©l. Tubos vivientes para la sangre, alambres blandos como nervios, filamentos de cable para los m√ļsculos.” Alarg√≥ su mano tocando el brazo de Mishra. √Čl no se inmut√≥ ni se apart√≥. “T√ļ no eres un erudito. Tus brazos son como el acero hilado”.

 

“La vida en el desierto es dura”, dijo Mishra suavemente. “Nunca pens√© en el cuerpo como si fuera una m√°quina”.

 

“¬°Es la mejor m√°quina!” dijo Ashnod, liberando su brazo. “Probada en el campo, en continuo crecimiento, y ¬°auto-replicante! Una vez que comprendamos los misterios de nuestro propio cuerpo, entenderemos el mundo. Todo lo dem√°s caer√° en su lugar. Su drag√≥n mec√°nico es una maravilla, pero es una imitaci√≥n cruda de los seres vivos “.

 

El Pacto de la Rendición

Ashnod se acercó. Mishra podía oler su perfume de almizcle, acentuado por el sabor del sudor seco. Era una combinación agradable.

“Creo que puedo convencer al qadir de que acepte la petici√≥n de tus gobernantes”, dijo en voz baja.

Ashnod se pregunt√≥ si Mishra le sonre√≠a de la misma manera a todos. El raki a√Īadi√≥: “Est√° el hecho de que Nuestro M√°s Venerado es todav√≠a tan impaciente como un ni√Īo. Si tuviera que esperar por los refuerzos de Tomakul explotar√≠a durante la demora. Ah y por supuesto, hay otra cosa.”

Ashnod se apart√≥ de √©l. “¬ŅOtra cosa?”

Mishra dijo: “Los Zegoniamos van a tener que pagar m√°s por esta resistencia simb√≥lica. Ellos tendr√°n que sufrir m√°s que los Tomakul, que abrieron sus puertas a nosotros. Necesitaremos una garant√≠a adicional.”

“Los Fallaji toman rehenes para fomentar la obediencia”, dijo Mishra, “Seguramente qued√°ndose con su art√≠fice principal ser√° suficiente”

Los ojos de Ashnod se hicieron diminutos. “¬ŅY voy a ser un reh√©n de los Fallaji, o suyo?”

Mishra volvi√≥ a sonre√≠r, y hab√≠a un toque de malicia en la expresi√≥n. “Los Fallaji le dan poco uso a las mujeres‚Ķ”, dijo, “‚Ķm√°s all√° de lo b√°sico…”

“Lo b√°sico no incluye una conversaci√≥n inteligente, ¬Ņverdad?” pregunt√≥ Ashnod.

“Veo que usted ha captado la idea general”, respondi√≥ su compa√Īero. “Usted se ver√≠a m√°s como algo que le negamos a los Zegonianos, en lugar de algo que beneficie a nuestra tribu.”¬†

 

Ashnod se inclin√≥ hacia delante y toc√≥ la mejilla de Mishra. “La palabra ‚Äėreh√©n‚Äô es tan desagradable. ¬ŅC√≥mo le suena ‘asistente’?”

 

Mishra levant√≥ sus cejas por un momento, luego volvi√≥ a su lugar. “¬ŅEs eso lo que realmente vino a hacer aqu√≠?”

“¬ŅAcaso soy tan transparente?” -pregunt√≥, t√≠midamente, una vez m√°s.

¬†“Como el vidrio”, dijo Mishra y se ri√≥.

“¬ŅCu√°ndo le gustar√≠a comenzar sus lecciones?”

“Lecciones por la ma√Īana”, dijo Ashnod en un susurro gutural. “Esta noche estamos solos. No creo que su guardaespaldas vuelva pronto.”

 

Mishra sonri√≥ y cerr√≥ la reja del brasero. No hubo m√°s palabras esa noche. Por la ma√Īana se anunci√≥ que la Ciudad de Zegon, temerosa del gran drag√≥n mec√°nico, se hab√≠a unido al Imperio Fallaji. Se pagar√≠a un tributo, y se venerar√≠a al poderoso y reverenciado qadir de los Suwwardi, siempre el primero entre iguales. Con respecto a los t√©rminos de su rendici√≥n, los Zegonianos accedieron a retirar las puertas de su ciudad por lo que nunca podr√≠an presentar resistencia a los Fallaji nuevamente. Y cedieron a su mejor art√≠fice, que se uni√≥ al campamento de los Fallaji como aprendiz del raki. Si alguno de los guerreros se sinti√≥ inc√≥modo por la presencia de la mujer de ojos fr√≠os, con el pelo maldito en medio de ellos, no lo dijo, al menos no de una manera en que el raki lo pudo o√≠r.

 

Poco después, llegó la noticia de que los forasteros de la costa estaban haciendo grandes incursiones en tierras Fallaji, y la fuerza de invasión se fue hacia el este nuevamente.

 

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