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Tawnos

Bueno, amantes del Lore, al fin volvemos despu√©s de una peque√Īa inactividad ( el covid no respeta ni las magic ) con ganas de traeros mas historia de nuestros hermanos favoritos. Hoy traemos m√°s lore de Urza, y entra en juego Tawnos, un antiguo fabricante de juguetes. Descubre qu√© tiene que ofrecer este futuro art√≠fice y amigo de Urza.

 

Tawnos: Primer contacto

El recién llegado se presentó sin previo aviso en el Palacio del Artífice de Kroog, capital de Yotia. Había sido un largo viaje desde la costa sur, y su cansancio era tal que era puro huesos. Si hubiera sido sensato se habría acostado durante uno o diez días, pagado por un traje de forma adecuada, a su medida, y entonces solicitar una cita oficial a través de los canales establecidos. Sin embargo, el recién llegado no era un conocido de estas formalidades y prácticas de la alta sociedad Yotiana y se presentó directamente en el palacio, con su carta de presentación en el bolsillo de la chaqueta de su capa de viaje y su regalo en una bolsa colgada del brazo

 

Uno de los empleados se detuvo, un tipo de aspecto redondo y agradable con un mont√≥n de pergaminos y ampollas. Esta persona le explic√≥ que ordinariamente podr√≠a hallar al Art√≠fice en Jefe, en el taller central con c√ļpula en la parte posterior del palacio, y que el visitante pod√≠a llegar all√≠ subiendo por las escaleras de la parte posterior, a la derecha en la primera intersecci√≥n, a la izquierda en la segunda, a la derecha pero no tanto al llegar a la escalera con forma de estrella, bajar una vez mas, y all√≠ estar√≠a. El secretario nunca pregunt√≥ por qu√© el hombre alto, de pelo rubio, buscaba al Art√≠fice en Jefe.

 

Dentro del ‚ÄúOrniario‚ÄĚ exist√≠a una forma de locura controlada. A lo largo de la pared del fondo hab√≠a un esqueleto de uno de los legendarios ornit√≥pteros, congelado en mitad de una explosi√≥n. Cada una de las piezas estaban separadas, con l√≠neas inscritas que mostraban donde encajaban cada pieza. Un grupo de j√≥venes estudiantes se hallaba a un lado con tornos funcionando, d√°ndole forma cuidadosamente a los m√°stiles de una vela. Por el otro lado un ornit√≥ptero se encontraba en medio de la construcci√≥n, mientras otro grupo de j√≥venes extend√≠a un lienzo sobre el armaz√≥n de las alas.

 

Tawnos

 

En el centro, de pie sobre una gran mesa llena de planos, estaba el Art√≠fice Principal. Ten√≠a el cabello rubio p√°lido, casi blanco. Aunque era m√°s bajo que el reci√©n llegado, su forma de dirigir lo hac√≠a parecer mucho m√°s alto. “Tres punto cuatro pulgadas hasta el primer flanco”, grit√≥ el Art√≠fice Principal a los trabajadores del torno, que obedientemente sacaron sus reglas y comenz√≥ a medir. “¬°No, no!” se abalanz√≥ hacia la tripulaci√≥n que montaba el ornit√≥ptero. “¬°Primero coloquen la piel sobre las arandelas de plomo que hay a lo largo del ala! Esto permitir√° que el ala se despliegue de forma natural.”

De repente, el visitante vio a la mujer de pie junto a una pared. Estaba tan quieta entre el caos que el viajero en un primer momento pens√≥ que era una estatua. Ella estaba vestida con un traje azul simple, y su brillante pelo casta√Īo oscuro se derramaba sobre sus hombros. Ten√≠a los brazos cruzados delante de ella, y una expresi√≥n en su cara que daba a entender que ella desaprobaba toda la escena a su alrededor. “Perdone, se√Īorita,” dijo el reci√©n llegado. “Me estaba preguntando si…” La mujer se volvi√≥, y el reci√©n llegado se ahog√≥ con sus palabras al reconocer los labios carnosos, los ojos oscuros, de fuego, y las finas l√≠neas de su rostro.

Conociendo a la princesa Kayla

A la vez se dio cuenta de a qui√©n √©l se estaba dirigiendo y logr√≥ carraspear. “Su Majestad, perd√≥neme”. Fue as√≠ que se arrodill√≥ hacia el suelo. Su rodilla apenas hab√≠a tocado s√≥lo la madera cuando una mano suave le toc√≥ el hombro. “Lev√°ntate, joven”, dijo Kayla bin-Kroog, Princesa de Yotia y esposa del Art√≠fice Principal. Cuando levant√≥ la vista, ella sonre√≠a levemente, como si su saludo le hubiera hecho gracia. √Čl sinti√≥ que la sangre le corr√≠a por su rostro. “Lo siento”, dijo. “No ten√≠a idea de qui√©n era.” “No utilizamos mucho la ceremonia aqu√≠ en la guarida del Art√≠fice en Jefe”, replic√≥ la princesa.

 

“Es tu espo…” El reci√©n llegado se detuvo y comenz√≥ de nuevo. “¬ŅEst√° el Art√≠fice Principal libre en este momento?” “No sabr√≠a dec√≠rtelo”, dijo la princesa, con un nudo en su voz. “He estado aqu√≠ durante diez minutos esperando que √©l se fijara en m√≠. Si tengo que esperar quince a√Īos, por lo general asumo que est√° demasiado ocupado.”

 

El reci√©n llegado mir√≥ a la cara m√°s de cerca y asinti√≥ con la cabeza. “Tal vez ser√≠a mejor que vuelva ma√Īana”, aventur√≥. La princesa solt√≥ una carcajada cansada. “Esto es lo menos ocupado que lo encontrar√°s. ¬ŅEs importante?” El visitante hurg√≥ en el bolsillo de su chaqueta y sac√≥ el sobre de su escondite. “Soy su nuevo aprendiz.”

 

Kayla abri√≥ la carta y la oje√≥ con rapidez. El reci√©n llegado contuvo el aliento mientras lo hac√≠a, temiendo que pudiera encontrar alguna irregularidad en la carta de presentaci√≥n que le impidiera incluso hablar con el poderoso Urza. “¬ŅUn fabricante de juguetes?” dijo al fin.

 

“Desde Jorilin, en la costa”, dijo el joven r√°pidamente. Ella asinti√≥ con la cabeza. “Pas√© varios veranos all√≠ cuando yo era ni√Īa, hac√≠a bastante calor, incluso para Kroog”. “Bueno”, dijo el viajero, “He estado haciendo juguetes all√≠ durante los √ļltimos a√Īos, oficialmente y todo. La gente pensaba que mi trabajo era bastante impresionante, y sugiri√≥ que me anotara para ser uno de sus aprendices …” Dej√≥ que la declaraci√≥n se arrastrara con un gesto de verg√ľenza. Hab√≠a sonado tan l√≥gico all√° en Jorilin, mucho m√°s l√≥gico que lo hac√≠a ahora explic√°ndoselo a la m√°s poderosa (y hermosa) mujer en Kroog.

 

“Ya veo”, dijo la princesa, y esa mirada divertida volvi√≥ a su rostro. “Su aprendiz.” “Uno de ellos, seg√ļn veo”, dijo el viajero. “Por favor”, dijo la princesa. “Todos estos no son aprendices. Son aviones no tripulados, trabajando alrededor de la abeja rey que es Urza. Asistentes, estudiantes, grupos de manos extra, eso es todo. Los aprendices tienen mayores exigencias que las de este grupo. Por lo general, no duran m√°s de un mes en el exterior. Es un hombre duro para seguirle el ritmo y un hombre muy exigente para trabajar. “

 

Como para aprobar este punto Urza dej√≥ escapar otro grito. “¬°Dije que necesitaba cero punto dos de tolerancia aqu√≠, tornero n√ļmero uno! ¬ŅAcaso est√° utilizando un sistema de numeraci√≥n con el que yo no estoy familiarizado?” Hubo risas entre los trabajadores m√°s j√≥venes, cuando el joven tornero volvi√≥ ruborizado hasta su m√°quina.

 

“Tal vez deber√≠a volver m√°s tarde”, repiti√≥ el reci√©n llegado. “No hay tiempo como el presente”, respondi√≥ Kayla. “Ma√Īana puede ser peor, y yo no voy a estar aqu√≠ para ayudarle. ¬°Urza! ¬°Esposo! ¬°Un momento, por favor!”

 

Tawnos: Conociendo a Urza

El Artífice Principal respondió a la llamada de su esposa levantando una sola mano. Con la otra sostenía un pluma, chequeando una larga columna de cifras. No levantó la vista.

“Por todas las…” -la princesa murmur√≥ varias l√≠neas de palabrotas que decididamente no pertenec√≠an al lenguaje de la realeza y que se le cruzaron por la mente. “Te lo juro, que pasa cada momento de su vida trabajando hasta que se agota. Entonces se despierta por la ma√Īana con una sensaci√≥n de que ha perdido seis horas de retraso debido al sue√Īo. ¬°Urza!” La mano segu√≠a arriba, y, como para mostrar que estaba escuchando, le devolvi√≥ el saludo agit√°ndola suavemente.

“Tal vez esto ayude”, dijo el visitante hurgando en su malet√≠n y sacando su regalo. Lo que extrajo no parec√≠a m√°s que un trozo de cadena inanimada y trenzada como una cuerda. Accion√≥ un interruptor en un extremo de la cadena, y de repente esta se puso r√≠gida y erguida. Era una serpiente, de repente cobr√≥ vida en sus manos. Kayla se asust√≥ debido a la r√°pida transformaci√≥n.

La serpiente se deslizó a través del espacio abierto como si tuviera alas invisibles, aterrizando entre los papeles que ensuciaban la mesa de Urza. Se enterró entre ellos emergiendo directamente debajo del bloc de notas del Artífice en Jefe. Levantó la cabeza, sacudió la cola, y con voz áspera siseó una advertencia al académico Argiviano.

Tawnos

 

Todo el ‚ÄúOrniario‚ÄĚ cay√≥ en un silencio sepulcral. Los tornos se detuvieron, se congelaron los estudiantes que luchaban con las lonas del ala, y Urza hizo una pausa, la pluma en mano, observando la boca llena de colmillos de la serpiente. Luego se inclin√≥ hacia delante y golpe√≥ el hocico de la serpiente con la punta de su pluma. Se escuch√≥ un sonido hueco, y la serpiente se enrosc√≥ inmediatamente en una peque√Īa bobina.

 

El Art√≠fice Principal levant√≥ la vista, una amplia sonrisa en su rostro. ‚Äú¬ŅQui√©n hizo esto?” El reci√©n llegado se ruboriz√≥.

“Ese soy yo”. Kayla dio un paso adelante con la carta de presentaci√≥n. “Este es Tawnos, un fabricante de juguetes de Jorilin. √Čl quiere ser tu apren‚Ķ”

Urza no la dej√≥ terminar, pero tom√≥ la carta de su mano con la cara at√≥nita de Tawnos y dijo, “¬ŅFabricante de juguetes, Tawnos? ¬ŅY este es uno de los tuyos?”

“Uno de ellos,” dijo Tawnos.

“¬ŅPor qu√© madera?” pregunt√≥ Urza. “De metal ser√≠a mucho m√°s duradero.”

“La madera es mas ligera,” respondi√≥ Tawnos. “Y la madera de milenrama produce un sonido m√°s natural cuando se mueve la serpiente. Las versiones de metal tienden a provocar mucho ruido.”

Ganando su confianza

“As√≠ que lo intentaste, Tawnos”, dijo Urza, enarcando las cejas. “Bien. Eso es muy bueno. Accionada por resorte, supongo.” “Mecanismo de relojer√≠a”, dijo Tawnos. “Me han dicho que trabaj√≥ como relojero.” “Durante un tiempo,” dijo Urza abstra√≠do. Sus manos estaban ocupadas examinando la serpiente, sonde√°ndola, flexion√°ndola, empuj√°ndola. “Me retir√© para unirme al gobierno. Un trabajo menos pesado”.

 

Kayla quiso comenzar a hablar, “Querido esposo, mi padre est√° esperando‚Ķ‚ÄĚ pero fue silenciada con una mano en alto.

“Es muy realista”, observ√≥ el art√≠fice. “¬ŅHas estudiado las serpientes para hacerla Tawnos?”

“Tenemos un mont√≥n de serpientes en la costa”, dijo Tawnos. “Esa esta basada en una especie de v√≠bora costera. Lo hice por propia diversi√≥n, como una especie de broma.”

 

“Urza,” dijo Kayla queriendo interrumpir de nuevo, pero fue olvidada por completo por el Art√≠fice Principal.

“¬ŅY p√°jaros Tawnos?” pregunt√≥ Urza. “He estado tratando de mejorar el radio de elevaci√≥n de los ornit√≥pteros”.

“Depende de lo que quieras”, dijo Tawnos. “Las aves que vuelan alto como las gaviotas o los buitres puede que sean inadecuadas como modelos para los ornit√≥pteros. Yo creo que los que

necesitas son algunas que puedan despegar r√°pidamente desde una posici√≥n, como los b√ļhos y otras rapaces depredadoras”.

 

La cara de Urza se ilumin√≥, y en ese preciso momento Tawnos sab√≠a que hab√≠a asegurado su posici√≥n. “No hab√≠a pensado en eso”, dijo el art√≠fice de pelo rubio. “Siempre he considerado que un ave debe ser un ave. Sin embargo, est√°s en lo correcto: la forma le sigue a la funci√≥n, y la funci√≥n determina la forma. Mira, echa un vistazo a estos planos, y dime si tengo alg√ļn modelo que se pueda remontar o lanzar r√°pidamente.”

Tawnos miró por encima de los papeles que cubrían el escritorio y respiró hondo. Había toda clase de planos de ornitópteros que mostraban diferentes configuraciones y posiciones de alas. Algunas de las máquinas se parecía a cosas que había visto en la naturaleza, mientras que otras se veían como si nunca fueran a volar bajo ninguna circunstancia.

 

De repente se acordó de la princesa, que había estado tratando de conseguir dos palabras mientras él y Urza hablaban. Pero cuando levantó la vista de los planos ella se había ido, y Urza le gritaba a los trabajadores del torno de nuevo para obtener mayor precisión.

 

Tawnos: Urza, su esposa y Argivia

Los tacones de la princesa estaban calzados con metal y siempre enviaban un mensaje mientras se mov√≠a a trav√©s de los pisos del palacio de m√°rmol pulido. A veces era un golpeteo tranquilo, indicando al personal que su majestad estaba pensando mientras caminaba. A veces era un traqueteo lento y met√≥dico, que por lo general significaba que ella estaba caminando con otra persona, por lo general alg√ļn funcionario del interior que estaba haciendo un tour local. Y de vez en cuando se trataba de una estocada saltarina producida por sus carreras, mucho menos comunes ahora que en los tiempos antes de casarse.

 

El mensaje que se escuchó en ese momento era una advertencia. Acababa de ver a su esposo, el artífice Argiviano, y no estaba contenta con los resultados. El severo golpe del metal contra la piedra fue suficiente para que los cortesanos más ásperos huyeran presos del terror, y para hacer que incluso los funcionarios más experimentados cambiaran sus direcciones y silenciosamente volvieran por donde venían.

 

El estaba muy ocupado. Siempre estaba ocupado. Si le dabas los recursos suficientes, dedicar√≠a todo su tiempo a sus proyectos. Los ornit√≥pteros. Las estatuas de metal. Las grandes bestias perseverantes que hab√≠an aparecido de repente una ma√Īana en los jardines de rosas. El siempre trabajar√≠a hasta quedar agotado, y har√≠a trabajar a todos a su alrededor de la misma forma. Si ella no enviaba un guardia, hasta dormir√≠a en el Orniario.

 

A veces ella lo dejaba dormir all√≠, pero eso no le hac√≠a aminorar su trabajo. Tambi√©n se hab√≠a dado cuenta que su marido no era el √ļnico culpable aqu√≠. Su papi querido era otra de las causas del abandono de su marido. Siempre pidiendo algo nuevo. Un favor especial para este bar√≥n. Alg√ļn dispositivo especial para aquel templo. Algo para hacerle la vida mas f√°cil a uno u otro gremio. Una nueva forma de transportar el agua. Una nueva forma de cosechar los cultivos. Y por supuesto, el Art√≠fice Principal no pod√≠a rechazar al se√Īor feudal en nada, particularmente si era una excusa para desarrollar un nuevo dispositivo

 

Las cosas fueron un poco problem√°ticas los primeros a√Īos, todas las iglesias esperaban alg√ļn paso en falso o alg√ļn anuncio de que Urza pisotear√≠a las creencias de uno u otro grupo. El mismo Urza les ofreci√≥ la soluci√≥n a este problema potencial. En primer lugar, el permanecer siempre en su taller era siempre una peque√Īa provocaci√≥n a los templos. En segundo lugar, logr√≥ iniciar una disputa por hacerle un favor a un templo utilizando un poco de ciencia proveniente del Volumen de Jalum.

 

El amuleto de Kroog

Cre√≥ un dispositivo con un amuleto de poder activo montado en su reverso. Emit√≠a un bajo zumbido agudo que serv√≠a para mantener en calma al portador, y de esta forma le aportaba un m√≠nimo de protecci√≥n. Naturalmente cualquier cosa que ofreciera alg√ļn arte de sanaci√≥n fue arrebatado por los templos, que de inmediato pronunciaron a Urza como un compa√Īero maravilloso, incluso para ser Argiviano.

 

Tawnos

 

As√≠ que los templos estaban felices. Los comerciantes estaban contentos ya que muchas personas acudieron a Kroog, al enterarse de sus amuletos ‚Äúm√°gicos‚ÄĚ. Y la gente com√ļn estaba feliz de que los comerciantes les contrataran en necesidad de m√°s ayuda, y los ornit√≥pteros que ahora se ve√≠an revoloteando entre las torres, atra√≠an a√ļn m√°s gente a Yotia. Y, Kayla se dijo, Papi est√° feliz porque hab√≠a estatuas de metal, ornit√≥pteros, y otras maravillas que no ten√≠a, y un suegro encantado en hacer m√°s.

 

De hecho, Urza, el Art√≠fice en Jefe, estaba haciendo a todo el mundo feliz en Yotia excepto a su princesa, su esposa. Para hacer empeorar las cosas, pap√° le hab√≠a mencionado que √©l todav√≠a no deseaba un nieto, un heredero que llevara el t√≠tulo. ¬ŅAcaso era su culpa de que el se√Īor feudal mantuviera a su esposo continuamente ocupado con otros asuntos?

 

De todos modos ella a√ļn era joven, y hermosa, y hab√≠a quienes la miraban de una manera en la que su marido no ten√≠a tiempo. Era bueno saber que una pod√≠a llamar la atenci√≥n, reflexion√≥. Kayla estaba segura de que el fabricante alto y musculoso de juguetes de la costa se hab√≠a tragado casi su lengua, cuando por fin la reconoci√≥. Eran esas peque√Īas cosas, lo que la hac√≠an sentir bien .

 

La princesa ahora caminaba lentamente, sus talones daban un toque suave contra el mármol. Los cortesanos supieron que la tormenta había terminado, sea cual sea su causa, y así se cruzó a varios de los funcionarios, que se inclinaron brevemente mientras acarreaban fresca ropa de cama, vajilla de plata, y más de los inevitables rollos del palacio. Finalmente llegó a la sala de dibujo, respiró hondo y entró. El consejo privado ya estaba reunido .

 

Los tres hombres eran los m√°s cercanos asesores de Papi. Y ella, por supuesto, siempre era bienvenida y siempre se le prestaba atenci√≥n. Los cuatro formaban el consejo privado del se√Īor feudal.

“¬ŅVa a venir?” -pregunt√≥ el se√Īor feudal con severidad.

“¬ŅAcaso lo hace alguna vez?” contest√≥ la princesa, tratando de mantener un tono brillante en su voz. “No, √©l est√° ocupado, est√° conociendo a su nuevo aprendiz.”

 

La princesa y las políticas exteriores

El se√Īor feudal le lanz√≥ una mirada interrogativa a Rusko, que simplemente se encogi√≥ de hombros. “Es uno nuevo para m√≠. Apostar√≠a que √©ste dura un mes en el exterior.”

 

La princesa se sent√≥ al lado de Rusko. El fabricante de relojes hac√≠a un molesto ruido de burbujeo en la presencia real, pero este hab√≠a disminuido y, finalmente, algunos a√Īos atr√°s se hab√≠a detenido. Kayla tambi√©n se dio cuenta que hab√≠a perdido algunas de sus maneras adulativas.

 

“¬ŅCu√°l es la situaci√≥n de la Marca de las Espadas?” -pregunt√≥ el se√Īor feudal. El capit√°n de la guardia ahog√≥ un estornudo. Kayla not√≥ que las preguntas directas siempre provocaban un estornudo en el anciano.

 

“Estable”, murmur√≥. “Los Fallaji son m√°s y mas descarados con cada mes que pasa. Se habla de que una tribu est√° ganando el control sobre las otras.”

“¬ŅOtra tribu adem√°s de los Tomakul?” -pregunt√≥ el senescal nervioso.

 

El capit√°n luch√≥ contra otro estornudo, y luego respondi√≥: “Los Fallaji de la ciudad son d√©biles, y he o√≠do que incluso ellos han aceptado unirse a este clan nuevo del desierto. Por lo general, las tribus del desierto mas profundo pasan casi todo su tiempo atac√°ndose unas a otras.”

 

“Menos ahora,” dijo el se√Īor feudal. “Ahora est√°n atacando m√°s caravanas que antes.”

 

“¬ŅY nuestras patrullas?” -pregunt√≥ el se√Īor feudal.

 

El capit√°n se pellizc√≥ la nariz. “Tenemos tres compa√Ī√≠as a lo largo de la Marca. Una vez que la caravana llega a territorio Yotiano, est√° segura. No ha habido incursiones dentro de Yotia. Pero nosotros no tenemos hombres suficientes para acompa√Īar a cada caravana a trav√©s del desierto.”

 

“¬ŅQu√© pasa con los ornit√≥pteros?” pregunt√≥ Kayla.

 

Esa cuesti√≥n provoc√≥ un resoplido echo y derecho, seguido por un pa√Īuelo que produjo una fuerte explosi√≥n de la nariz. “Podr√≠amos enviarlos junto con las caravanas,” dijo al fin el capit√°n, apoyando la sugerencia de Kayla. El se√Īor feudal sacudi√≥ la cabeza.

 

“No me gustar√≠a nada que cayeran en manos Fallaji. ¬ŅPor que no usarlos para patrullar la Marca?”

 

El capit√°n parpade√≥ con fuerza. “Estar√≠a bien. Pero nosotros no tenemos suficientes de ellos en este momento.”

 

Un problema tecnológico

“¬ŅPor qu√© no?” le exigi√≥ el se√Īor feudal. El capit√°n parec√≠a que iba a iniciar otro ataque de estornudos, por lo que Rusko acudi√≥ en su ayuda. “El problema no es que no haya suficiente cantidad de m√°quinas, o incluso de hombres y mujeres j√≥venes temerarios como para querer volarlas. El problema es el poder. Los ornit√≥pteros utilizan un antiguo dispositivo Thran, una piedra de poder. Las estatuas de metal tambi√©n recurren a lo mismo. No hay un mont√≥n de ellos en Yotia. Urza ha estado trabajando para tratar de reparar las piedras de poder rotas, pero es un trabajo dudoso. Podemos construir toda clase de ornit√≥pteros, pero s√≥lo ser√°n algo m√°s que cometas sin las piedras adecuadas. Ese es el problema n√ļmero uno.”

 

El se√Īor feudal gru√Ī√≥. “¬ŅAlg√ļn otro lugar de donde podamos obtener m√°s piedras?”

 

“Capit√°n”, dijo finalmente, “Quiero que usted env√≠e grupos de exploraci√≥n al desierto. Llevar√°n descripciones de las piedras para que sepan qu√© buscar. Le preguntaremos a Urza cuales son los lugares m√°s probables donde hallarlas.”

 

“¬ŅQu√© pasa si nuestros exploradores encuentran a los Argivianos que buscan esas mismas piedras?”, chill√≥ el senescal.

 

“Probablemente se sentir√°n aliviados al conocer que otros hombres civilizados se hallan en el desierto, para oponerse a los fan√°ticos Fallaji”, replic√≥ el se√Īor feudal. “Solo para estar seguro, quiero que usted le escriba una carta al rey Argiviano. D√≠gale lo que estamos haciendo, pero rem√°rquele que la finalidad es la defensa mutua: Todos nosotros contra los salvajes del coraz√≥n del pa√≠s. Eso le calmar√° un poco. ¬ŅAlgo m√°s?”

Rusko habl√≥. “Una cosa mas, su majestad”. Extrajo de debajo de los voluminosos pliegues de su chaleco un plato peque√Īo y una botella de polvo negro. “Con los sucesivos √©xitos del Art√≠fice Principal, usted han decretado que mantengamos nuestros ojos abiertos a nuevos dispositivos, ya sea en libros antiguos o en el mercado, que podr√≠an ser utilizados por Kroog para protegerse mejor. Creo que tengo algo que puede ser √ļtil.”

 

El fabricante de relojes dej√≥ el plato sobre la mesa; verti√≥ en el una peque√Īa cantidad de polvo negro. El polvo cristalizado estaba en peque√Īas esferas y a Kyla le record√≥ guisantes arrugados. Rusko luego se levant√≥ y encendi√≥ una l√°mpara de aceite que ten√≠a cerca. Acerc√≥ la lumbre a los cristales, y estos ardieron brillantemente, dejando una nube de humo nocivo colgando sobre la mesa.

 

“Polvo de trasgo”, coincidi√≥ Rusko. “Tambi√©n llamado fuego negro enano, polvo negro, o brillo ardiente. Es una mezcla qu√≠mica que utilizan los trasgos y enanos del norte”.

 

Tawnos

 

Y hasta aquí este capítulo de lore sobre Tawnos, esperamos que os haya gustado esta entrega, así como traer la siguiente pronto. No olvides solicitar que te enviemos todas las Reglas y Guías de Magic GRATIS. Y por supuesto, estaré deseando que dejes un comentario en este artículo justo aquí abajo para darme fuerzas de seguir trabajando. 

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